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8 de marzo de 2016
2 de febrero de 2014
Movimiento
MOVIMIENTO
Elementos Básicos – Del Agua
Alejandro
Luque (2010)
El
Hotel de Inmigrantes está atestado de gente que ha llegado días atrás y que
espera le asignen un destino, un pedazo de tierra. Y también apesta, porque
esas personas que vienen de distintos lugares de una Europa empobrecida y saqueada,
y que apenas si saben cómo escribir sus nombres y, aún menos, hacérselos
entender a los aduaneros, están alojados en un hotel administrativo. Más allá
de las paredes de ladrillos se encuentra Argentina, América. Pero esas paredes
que delimitan el hangar a un costado del puerto de Buenos Aires, con sus
ventanales demasiado altos como para confirmar de un vistazo la promesa del inmenso
y pujante mundo nuevo que dará el alimento y el cobijo a quien quiera
aventurarse, son por varios días el único paisaje posible para estos refugiados
que han escapado de una realidad de miseria y exclusión.
Visto
desde la ventanilla, el aeropuerto de Roissy parecía un monstruo dispuesto a
engullir los aviones con todo su contenido. Llovía y el asfalto de la pista
reflejaba los objetos de la misma manera que al otro lado del mundo. Sin
embargo, la excitación y el miedo a lo desconocido transformaban las imágenes
empapadas que mis sentidos aprehendían en paisajes con un brillo diferente. En
la Aduana me retuvieron una hora hasta que alguien logró entender que era un
estudiante con beca y que por eso no tenía un billete de vuelta ni visa de long séjour. El rigor de una lengua que
no es la de uno y que se desconoce produce un aislamiento y una desprotección
difíciles de describir. Uno llega a una tierra que no es la suya con un
pasaporte que debiera ser el único válido: la intención profunda y la
convicción de venir a quedarse para crecer. Pero aún para crecer se necesitan papeles
y certificados. Cuando comprobaron que los tenía, me abrieron la puerta y entré
en Europa.
Marcel
tiene catorce años cuando sus ojos recorren el yermo de una pampa
incomprensiblemente plana, verde y atiborrada de un humus que sólo conoció en
su tierra por la escasez. El tío Jean-Pierre marca con una rama seca de ombú un
rectángulo donde levantarán las cuatro paredes de adobe y el techo que los
cobijará. Marcel pregunta por los pies de viña pero le muestran semillas de
maíz y brotes de papa. En ese momento comienza a reconocer el límite de sus
palabras y las ahorrará por el resto de su vida. Las paredes de adobe se
transforman en muros de ladrillo, y aprende a ponerle límites a su pedazo de
tierra. Se casa con Berta por esa Francia que también bulle en su sangre y por
ser la vecina más cercana. Casi enseguida nace la primera de sus once hijas y muere
el tío. Marcel labora la tierra, hace milagros que el propio milagro de ese
suelo permite. Berta cría a los argentinos con consomés, revueltos de verdura, guisos
de carne y a fuerza de ropa reciclada. La familia comienza a arraigarse.
Los
estudios trajeron conceptos nuevos y nuevos amores. Mientras mis hormonas se
equilibraban en esa edad que antecede a la de la razón, yo empezaba a atisbar
los códigos de aquella cultura que, con seguridad, me serán siempre
inalcanzables. Supe que el “mi mamá me mima, mi mamá me ama” no era literal ni
fundamentalmente universal. Llegué a preguntarme por qué solemos usar el “no”
en nuestras respuestas, aun para afirmar. Y sin terminar de creer que el sexo
es el lenguaje unívoco, me dejé amar en francés y, en el mismo idioma,
retribuí. Terminé mis estudios y decidí quedarme en tierras galas a falta de
otras posibilidades. El mundo me mostró su rostro previsible de complejidad en la
repetición de desarraigos locales y desamores. La historia me regresaba en sus
caprichos congénitos.
Marcel
ya tiene la anciana edad de cincuenta como para continuar en este mundo que da
más al que se las rebusca mejor. Las leyes del hombre nuevo, sin echarlo de su
terruño, lo transforman en peón. Muere poco después, antes del matrimonio de su
cuarta hija. Berta llega a acompañar a tres de sus nietos al altar. Se apaga en
una casa que ya no existe en los rincones de un pueblito olvidado donde la entierran
junto a su marido Marcel. Uno de sus bisnietos llevará flores al cementerio y
limpiará innumerables veces las inscripciones de la tumba. En una de ellas
leerá por primera vez la palabra merci.
La familia se disemina por todo el país acomodándose en los nichos que va
encontrando. La muerte intenta eliminarla pero no llega a perpetrar más que un
saqueo superficial.
La vida quiso verme caminando sobre las huellas de mi bisabuelo. Hoy,
parado frente a una iglesia casi en ruinas a la que seguramente su madre lo
habrá traído muchos domingos, lo busco. Te busco. Me busco. Me pregunto si
llegaré a ser parte de todo esto. Si esta promesa de mi futuro a más de cien
años de distancia de la tuya es por fin real. Decidir irse. Decidir quedarse.
Abandonar sueños desperdigados por todos lados para construir nuevos. Desde
cero, desde la nada que implica llegar a lo desconocido. Mirar hacia atrás y
ver la obra más importante que tus sueños edificaron del otro lado. Sí, allá y
entonces, la gran familia a la que pertenezco. Aquí y ahora, esa gente que
cruzo. Ese “Bonjour !” que escucho sabiendo que deberá
transformase en la base inapelable de mi nuevo código de vida. Pienso en cómo
habrá sido para vos. En qué pensaste parado frente al lugar que ibas a habitar.
¿Estabas acompañado? O solo, como estoy yo ahora , intentando crear un nuevo
sueño en estas, tus tierras. Estás en mi memoria. Soy la memoria de dos
Atlánticos que te vuelve.
Mouvement
MOUVEMENT
Eléments Fondamentaux – De l’Eau
Alejandro Luque (2010)
L’hôtel des
immigrants est plein à craquer de personnes qui sont arrivées quelques jours
avant et attendent qu’on leur attribue un destin, un morceau de terre. L’hôtel
sent mauvais, car ces personnes qui viennent de différents coins d’une Europe
appauvrie et pillée, et qui ne savent à peine comment écrire leurs noms et
encore moins le faire comprendre aux douaniers, sont logés dans un hôtel
administratif. Au-delà des briques se trouve l’Argentine, l’Amérique. Mais ces
murs qui délimitent le hangar d’un côté du port de Buenos Aires, avec ses
fenêtres trop hautes pour garantir d’un coup d’œil la promesse de l’immense et
vigoureux nouveau monde prêt à donner nourriture et refuge à celui qui voudra
s’y aventurer, sont pendant plusieurs jours l’unique paysage possible pour ces parias
qui ont échappé à une réalité de misère et d’exclusion.
Depuis l’hublot je
voyais l’aéroport de Roissy qui ressemblait à un monstrueux dispositif prêt à
avaler les avions et leur contenu. Il pleuvait et la surface bétonnée du tarmac
reflétait les objets de la même manière qu’à l’autre bout du monde. Pourtant,
l’excitation et la peur de l’inconnu transformaient les images trempées que mes
sens appréhendaient en paysages avec une lueur différente. A la Douane ils
m’ont retenu une heure jusqu’à ce que quelqu’un comprenne que j’étais étudiant
boursier, ce qui expliquait pourquoi je n’avais pas de billet de retour ni de
visa long séjour. La rigueur d’une langue qui n’est pas la sienne et que se connaît
à peine produit un isolement et une fragilité indescriptibles. On débarque sur
une nouvelle terre avec un passeport qui devrait être l’unique valide : le
souhait profond et la conviction de venir pour y grandir. Mais même pour
grandir il faut des papiers et des certificats. Après qu’ils aient vérifié que
je les avais, ils m’ouvrirent les portes et j’entrai en Europe.
Marcel avait
quatorze ans quand ses yeux parcoururent le désert de cette pampa d’une
platitude verte incompréhensible, remplie d’un humus qu’il n’avait connu sur sa
terre que par la sécheresse. L’oncle Jean-Pierre, avec une branche sèche tombée
d’un belombra, marqua un rectangle où ils dresseraient les quatre murs en terre
battue et le toit qui allait les couvrir. Marcel demanda des pieds de vigne
mais on lui montra des graines de maïs et des pousses de pomme de terre. A ce
moment là il commença à reconnaître les limites de ses mots et les économisera
le reste de sa vie. Les murs en terre battue se transformaient en murs de
briques, puis il a appris à limiter son terrain. Il se maria à Berthe pour
cette France qui coulait aussi dans ses veines et parce qu’elle était la
voisine la plus proche. Presque de suite naquit la première de ses onze filles
et l’oncle décéda. Marcel continua à travailler la terre, il fût tous les
miracles que cette même terre miraculeuse lui permettra. Berthe élèva les
argentins avec du consommé, des mélanges de légumes, du ragoût de viande et
avec des vêtements recyclés. La famille commençait à s’installer.
Les études
apportèrent de nouveaux concepts et de nouveaux amours. Pendant que mes
hormones s’équilibraient à cet âge qui précède celui de la raison, j’ai
commencé à entrevoir les codes de cette culture qui me seraient toujours
inaccessibles. J’ai su que « mi mamá me mima, mi mamá me ama »
n’était pas littéral ni fondamentalement universel. J’en suis venu à demander
pourquoi avions-nous l’habitude de placer un « non » en tête de nos
réponses même affirmatives. Et sans me laisser convaincre que la sexualité soit
un langage univoque, je me suis laissé aimer en français, et dans la même
langue j’ai répondu. Je terminai mes études et décidai de rester sur les terres
gauloises par manque de choix. Le monde me montra son visage prévisible de
complexité dans la répétition de déracinements locaux et de manque d’affection.
L’histoire me renvoyait à ses caprices congénitaux.
Marcel a déjà
cinquante ans, bien âgé pour continuer dans ce monde qui donne plus à celui qui
cherche davantage. Les lois de l’homme nouveau, sans le jeter de son terrain,
le transforment en pion. Il meurt peu après, avant le mariage de sa quatrième
fille. Berthe arrive à amener trois de ses petits-enfants à l’autel. Elle
s’éteint dans une maison qui n’existe déjà plus dans les recoins d’un bled
oublié où ils l’enterrent à coté son mari Marcel. Un des ses arrières
petits-enfants apportera des fleurs au cimetière et lavera d’innombrables fois
les inscriptions de la tombe. On lira sur l’une d’elles pour la première fois
le mot merci. La mort s’acharne sur
la famille mais n’arrive pas perpétrer davantage qu’un pillage superficiel.
La vie voulut me
voir marcher sur les traces de mon arrière grand-père. Aujourd’hui, arrêté face
à une église presque en ruine dans laquelle sûrement sa mère l’avait amené
souvent le dimanche, je le cherche. Je te cherche. Je me cherche. Je me demande
si j’arriverai à faire partie de tout cela. Si cette promesse de mon futur à
plus de cent années de distance du tien est réelle. Décider de partir. Décider
de rester. Abandonner les rêves répandus de tout côté pour en construire de
nouveau. En repartant de zéro, de ce néant qui habite l’inconnu. Regarder vers
le passé et voir l’œuvre la plus importante que tes rêves ont édifié de l’autre
côté. Oui, là-bas vers la grande famille à laquelle j’appartiens. Ici,
maintenant, tous ces gens qui je croise. Ce Bonjour ! que
j’écoute sachant qu’il devrait se transformer dans la base sans appel de mon
nouveau mode de vie. Je me demande comment cela s’est passé pour toi. A quoi tu
pensais, arrêté face à l’endroit où tu allais vivre. Tu étais accompagné ?
Ou seul, comme je le suis maintenant, essayant de créer un nouveau rêve sur ces
terres, sur tes terres. Tu es dans ma mémoire. Je suis la mémoire de deux
Atlantiques que te revient.
4 de septiembre de 2012
Différentiation Tertiaire
DIFFÉRENTIATION
TERTIAIRE
Eléments Fondamentaux – De la Terre
Alejandro Luque (2010)
Bien que la femme qu’il aimait le plus au monde
essayait de le consoler, Walter plongeait dans une dépression sans fin. En
moins d’un mois son pénis avait presque perdu deux centimètres au repos, et
plus de six durant les rares érections. L’urologue, l’oncologue et le
physiothérapeute l’inquiétèrent encore plus avec leurs gestes effrayants ;
ils proposaient des traitements hormonaux incompréhensibles et un implant
chirurgical en dernier recours. Lorsqu’ils décidèrent d’aller voir le
guérisseur de Sierra de la Ventana, les testicules de Walter s’étaient déjà
presque réabsorbés complètement au point que la poche scrotale, se repliant en deux
telle une huitre, recouvrait une excroissance de la taille d’une perle. Le
guérisseur enfuma la pièce et prépara un mélange d’herbes qui sentait mauvais. A
la fin de la session, la femme de Walter, Carmen, fut celle qui les ramassa
comme elle le fit avec son mari pour le ramener jusqu’à la voiture.
Walter essaya à deux reprises de se suicider. A la
troisième tentative, Carmen menaça de l’abandonner dans son agonie phallique
s’il continuait stupidement à réduire tout à la protubérance en voie
d’extinction. Pour la première fois durant des années, Walter se laissa guider
dans des actes sexuels dépourvus de pénétration et, ainsi, sans aucune
satisfaction propre. Le rôle de l’explorateur dura des mois, et l’angoisse
éclot un dimanche matin, lorsque Walter eut ses règles pour la première fois.
Il souffrit de maux de ventre, et ne put s’empêcher de se sentir sale, surtout
vulnérable et d’humeur noir. Au-delà de tout ça, il fallait qu’il coupe court
avec ce flux qui coulait partout sans pouvoir concrètement le contenir. Son corps
était celui qu’il ne voulait pas, et en plus, il faisait ce qu’il voulait. Il
était face au four et, tandis que de son entrejambe coulait une substance
visqueuse, il méditait sur le nombre de gazinières ouvertes qu’il serait
nécessaire d’avoir pour terminer avec ce supplice une bonne fois pour toute.
Mais Carmen arriva du travail et n’eut pas besoin de beaucoup de temps pour
réaliser ce qui était en train de se passer.
La session explicative de l’utilisation des
serviettes hygiéniques et des horribles tampons éveilla chez son mari des
nausées et des négociations véhémentes. Carmen ne se laissa pas surpasser par
les symptômes de peur qu’elle connaissait très bien. Elle se dit qu’elle ne se
transformerait pas en la mère de Walter, mais qu’elle ne laisserait pas cette
aberration de la nature lui arracher la personne qu’elle aimait le plus au
monde. Elle devint firme, comme toujours, et lui montra comment coller une
serviette hygiénique sur une culotte en coton. Son mari était nu face à elle
incapable de bouger. Il n’opposa pas de résistance lorsque Carmen lui glissa la
serviette entre les jambes et lui arrangea de la manière la plus stratégique
possible. Il n’y eut aucune exploration ni satisfaction cette nuit par respect
pour ce curieux syndrome du saigner en solitude. Ils ne dormirent pas non plus
bien, et ce fut à l’aube de cette nuit blanche que Carmen eut une idée pendant
le besoin insupportable de se caresser les lèvres sèches de son vagin. Elle
devait s’adapter.
Le vendredi suivant, lorsque la menstruation de
son mari était terminé, Carmen fit quelques courses dans le centre commercial,
elle commanda un repas indien bien épicé, alluma de l’encens et sélectionna une
série de CDs qu’ils aimaient tous les deux. Elle s’habilla avec peu de couleur
et ne se maquilla pas. Lorsque Walter arriva accablé du médecin, elle l’invita
à s’assoir à table, elle remplit les verres d’un bon Bordeaux tandis qu’elle
lui caressait les cheveux, elle lui demanda de servir le tandoori et le riz et proposa de porter un toast pour les deux. Il
accepta sans comprendre. Ils parlèrent de la peur du changement, du malaise, de
la culpabilité et du futur qu’ils allaient vivre ensemble. Avant que son mari
se noie dans l’auto-compassion, Carmen s’approcha, le prit dans ses bras et l’embrassa avec toute ce côté féminin
qui la transformait en quelqu’un irremplaçable et extraordinaire aux yeux de Walter.
Dans la chambre, Carmen enfila une ceinture avec un pénis en latex. Elle
défleurit la perle caché de son mari et lui fit l’amour, les deux en avaient
besoin. La tête peut être un obstacle important, mais les corps communiquent
avec un langage particulier. Carmen lui donna de l’amour. Walter ne put rien
faire d’autre que recevoir. Ils jouirent plusieurs fois, jusqu’à s’endormir.
Au matin Walter se réveilla avant Carmen et se dépêcha
pour préparer le petit déjeuner. Tandis qu’il se lavait les dents, il constata
que ses seins étaient turgescents. Il eut peur mais lui vint un sourire. Il
arriva avec un plateau dans la chambre. Sa femme était éveillée regardant
quelque chose sous le drap, puis elle sourit également en le voyant venir.
Walter était beau et Carmen se sentait en pleine forme. Elle se libéra du
ceinturon qui la gênait depuis pas mal de temps, elle prit la main de Walter et
l’amena à ses parties intimes. Au début il sentit un certain dégoût. Mais ce
fut un acte de conscience physique entre ses jambes et son cœur ce qui lui
permit d’accepter chez sa compagne ce qu’il avait perdu. Après des retrouvailles d’amour un peu
compliquées au début du processus de différentiation ils arrivèrent à la
conclusion que bientôt ils seraient prêts à avoir un enfant.
« Fille », dit Carmen, « fils », répondit Walter. « Je
t’aime », se dirent-ils, puis ils prirent leur petit-déjeuner.
19 de agosto de 2012
Air De Sonate
Eléments
Fondamentaux – De l’Air
Alejandro Luque
(2010)
Presto
agitato
Avec nos
membranes épuisées de tant de réabsorption, nous commençâmes à ramer le cours
de l’océan silencieux et agitato. Pianissimo, comme ça se fait d’habitude
à ce tempo marcato et à contrepoint
qui suit la première rencontre, nous fîmes semblant de dormir largo ma non troppo tel des guerriers.
Mais tous les deux nous savions, dos à dos, que c’était un nouveau coda, simplement celui da capo de la nuit blanche qui nous
attendait. Je ne sais pas à quelle heure j’écoutai ta respiration se perdre ad libitum tandis que je sentais mon
sommeil se déployer in crescendo e cuasi
non legato.
Adagio molto e sostenutto
Le matin un
mouvement senza pedale me réveilla. À
quatre pattes et à quelques pas du lit, comme cachée, legatissimo, tu cherchais les vêtements que je t’avais arrachés la
nuit con fuoco. Tu me demandas pardon
et je m’excusai a tempo. Le café fortissimo pour toi et doux pour moi,
nous sépara cordialement et sans pitié. Complices de notre incapacité de se
traiter con cuore, nous laissions
déjà notre potentialité se dissiper avec un air gracioso e sempre stacatto. Durant la journée chacun défendra senza sordina son mensonge de
l’inaliénable indépendance. Oui, nous n’avions pas encore terminé de nous
connaître que nous nous abandonnions déjà avec un désir poco ritenuto et bien déguisé.
Allegro
vivace
A l’entrée de
l’appartement nous dessinâmes a cappella
la bifurcation de la séparation imminente. Dos à dos il a du retentir cet
« à la prochaine » à sottovoce,
parce au même temps nous nous retournions pour nous regarder. Un sourire vivace e guisto éclata en duo. A ce
moment la ville et ses misères, la notre et les nôtres, nous semblaient un jeu
bien trop stupide et ostinato pour
continuer à le jouer. Je ne me souviens pas si c’est moi qui proposai de
retourner sur nos pas pour nous valider con
brio, ou si c’était toi qui nous arrachas du trottoir con forza. Je sais juste que nous sommes retournés dans l’appartement
et que depuis cette matinée nous vivons poco
a poco accelerando sino alla fine.
Traduction
de l’espagnol : Aline Benchemhoun
Elementos básicos : ISBM 9789870243991
Elementos básicos : ISBM 9789870243991
15 de agosto de 2012
Marko et Tanja
MARKO ET
TANJA
Eléments Fondamentaux - Du Feu
Alejandro Luque (2010)
Marko et Tanja
se rencontrèrent dans une caravane lors d’une échappée nocturne, pendant l’une
de ces nombreuses guerres anthropophages qui rongeaient l’ancienne Yougoslavie.
Marko remorquait avec une corde un camion Dunlop sans roues. Il suivait avec
soin les pas de son père, qui chargeait un matelas et différents ustensiles,
tel une mule qu’il n’avait pas. Tanja et sa poupée voyageaient dans un charriot
de supermarché, assises sur la montagne d’affaires qui habitaient sa maison.
Une vielle femme ridée prématurément poussait le chariot, sa mère.
Il pleuvait du
plomb. L’air avait une odeur de viande brûlée, de sulfure de violence
décharnée. Marko s’approcha et offrit à Tanja, de manière docile et déterminée,
le coffre du camion pour emmener sa poupée. Tanja décida de descendre de sa
montagne ambulante et accepta l’invitation. A ce moment là, un vent inespéré
balaya les odeurs nauséabondes et laissa place à un ciel étoilé. Ensemble, ils
s’arrêtèrent pour observer ce spectacle qu’ils n’oublieront jamais.
La vie
d’immigrés fit que leurs parents s’installèrent dans le même camp de réfugiés.
Avec le temps et les migrations les enfants devinrent inséparables et adolescents.
A cette époque ils se promirent l’éternité. Et quand ils parlaient de
l’éternité, ils cherchaient le ciel dégagé et savouraient les étoiles qui étaient toujours, selon eux,
à leur place. Toutes les deux saisons le pays s’atomisait encore plus, et
l’intolérance du gouvernement de tour anéantissait les corps et les
convictions. Marko et Tanja commençaient à connaitre les recoins de leurs peaux
et à vivre sans s’enfermer leurs convictions.
Ce fut à cette
époque que Blivic, propriétaire d’un cirque itinérant du Nord, leur proposa de
le suivre et les embaucha pour s’occuper de deux éléphants anorexiques et un
lion albinos et édenté. Avec le temps et le parcours, Marko devint le
protagoniste du numéro de l’homme-canon. Tanja, déployant sa beauté si
mystérieuse des Balkans, commença à accompagner le magicien Uridiel, le
mystique derviche exilé de l’Arménie épuisée aussi par d’autres conflits.
Les dernières
années ils vécurent leur amour dans une vielle caravane qui était installée
près de la tente des éléphants. Avant chaque fonction, Marko vérifiait le
dispositif de la navette et les harnais,
et s’assurait que les feux d’artifice étaient placés correctement. De son côté,
Tanja révisait avec Uridiel les mouvements inextricables dans la caisse noire
d’où elle disparaissait chaque soir face à la stupeur du public.
De l’une des
capitales du puzzle politique arrivèrent un jour des informations de nouvelles
razzias destructives. Uridiel annonça sa fuite vers l’ouest et Blivic anticipa
un changement de carrière. Pendant la dernière représentation, un vendredi
soir, ciel dégagé, Tanja entra dans le coffre, Uridiel fit ses tours de
magie…et elle disparut. Personne ne remarqua le visage préoccupé du magicien,
qui devait improviser une fin sommaire à son numéro. Peu de temps après, Marko
sortit, expulsé du canon vers les étoiles. Il y eut comme toujours, un chœur
d’applaudissements et de rires, tandis que les deux clowns et le nain retiraient
perplexes de la scène le canon encore fumant.
Blivic longea
l’Adriatique et ouvrit un théâtre de marionnette à Athènes. Il céda son cirque
à un marchand turc qui le transforma en une buvette mobile, et dit avoir vendu
les bêtes pour des raisons prophylactiques. Les animaux auraient sans doute
donné une autre version. Uridiel atteignit la mort promise dans une déviation
qui le conduisit directement à la frontière arménienne. Tandis que Marko et
Tanja… continuent cachés derrière les étoiles.
Elementos básicos : ISBM 9789870243991
8 de agosto de 2012
Dilués
DILUÉS
Eléments Fondamentaux - De l'Eau
Alejandro Luque (2010)
La première
pluie torrentielle de juin s’était déchargée sur la ville, et dans cette
impasse perdue près de la rive, personne n’entendit le coup de feu ni le cri de
douleur.
Ses yeux
s’ouvrirent d’abord dans l’immensité de l’aube avec un étonnement néanmoins attendu.
Puis ils sortirent de leur orbite en cherchant un brin de lueur. Des pieds
improvisèrent une course écervelée que le rideau d’eau engloutit quelques mètres
après. Les mains tentèrent en vain de soutenir le ventre violenté pendant que
le corps s’effondrait juste à côté de l’égout. Il n’y eut pas le temps de
l’interroger que son regard se figea pour toujours. Comme un lavage inclément
et incontrôlable, le sang qui jaillissait de l’orifice mortel de la blessure se
dilua avec l’eau, et le mélange convulsé de carmin commença à se filtrer à
travers la plaque d’égout.
Dans l’obscurité
des conduits souterrains les premières gouttes avaient attiré un bataillon de
rats aveuglés qui cherchaient nourriture et refuge. L’horde irrépressible agita
moustaches et queues à mesure qu’elle s’approchait de la source olfactive qui
la guidait. Ce qui s’échappa des mille
langues bavantes dissolues arriva jusqu’au circuit de canalisation. Là, le plasma
et les leucocytes s’entremêlèrent aux millions de larmes que d’habitude s’échappent
chaque nuit par les orifices des salles de bains et des cuisines. Il y eut une
étincelle, une brève reconnaissance du sang au contact de l’eau, peut être une
sorte de mémoire capricieuse espérant unir les éléments de la mixture, ou serait-ce
seulement l’obscurité familière de l’égout éclaboussée par les reflets de
l’orage électrique qui arrivât à se filtrer à travers les plaques d’égouts.
Mais le torrent de l’écoulement ne donna guère davantage de temps au mélange qui
continua sa constante avancée.
Du carmin initial il ne restait que l’identité microscopique se
dissimulant dans les veines les plus abjectes de la ville. A la hauteur d’un recoin
central, la pluie déchargea sur les cours d’eaux souterrains un ramassis de
papiers et des dizaines de mégots de cigarette. Durant un moment tout flotta
dans un coin tel un groupe de naufragés résignés ; puis l’ensemble gagna
de la vitesse et se dispersa. La moitié d’une photographie dépouillée que
quelqu’un aurait abandonnée quelque part s’immergea, s’anéantit dans le flux
agité pour danser son dernier pas de cygne mort. L’égout suivant, une lettre
d’adieu se déplia telle un voile d’oubli qui vomissait sa teinte délébile et torturée
de nuages gris dans la tentative de corrompre les composants même du carmin
primaire. Mais la persistance de l’eau, libre, telle le temps inclément, saisit
tout sur son passage.
Le déchet
termina son chemin imparable quelques kilomètres à l’est de la ville, où
s’étend le trou occulte de la civilité, dont les effluves nauséabondes tout le
monde ignore : ce fleuve ouvert, encore plus grand que la ville, qui
accueille sans protester les miasmes brassés de ses habitants anonymes.
Il ne remarqua
pas que ce que le versant apportait juste sous ses pieds, l’unissait avec le
corps qui, par sa faute, gisait inerte à côté d’un égout perdu près de la rive.
Il ne pouvait pas l’imaginer dans ces moments, dressé au bord de l’égout, ni
même ne pouvait se permettre de vivre pour y tenter. Il avait déjà tiré par
désespoir amoureux, et pour les mêmes déraisons il allait maintenant le refaire.
La pluie tut le
second bang précis de la nuit et
accompagna le plongeon dans le fleuve. Puis l’univers termina de se mélanger
dans ce lieu indifférent où l’eau rinçe et garde tous les secrets.
Il s’arrêta de pleuvoir et le
soleil se leva vers l’est.
Elementos básicos : ISBM 9789870243991
26 de junio de 2010
Elementos Básicos - Entrevista en el progama radial Cuentos en el Aire - 24/04/2010
Elementos Básicos - Entrevista en el progama radial Cuentos en el Aire - 24/04/2010
El 24 de Abril de 2010, la cuentacuentos Haydée Guzmán y el equipo del programa radial "Cuentos en el Aire", me brindaron la posibilidad de participar en su espacio de FM de Radio Universidad de la Plata.
Ese día se discutió la transferencia del arte del autor al arte del cuentacuentos.
Un fragmento del programa puede escucharse descargando el archivo mp3 AQUI.
28 de abril de 2010
Presentación de Elementos Básicos en la Feria Internacional del Libro - Buenos Aires
Aunque sé que algunos tampoco podrán estar en ésta por la distancia, me permito enviarles a todos la invitación a la segunda presentación de mi libro Elementos Básicos, esperando que quienes así lo puedan se hagan un ratito para encontrarnos.
Cuándo: el domingo 2 de mayo a las 16:30 hs.
Dónde: en la sala Alfonsina Storni, en la Feria Internacional del Libro, Predio ferial de Palermo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Para mí éste será otro momento muy importante en el que me gustaría estar con todos ustedes. :)
Un abrazo de oso,
Alejandro
PS: Estaré en el stand de Dunken (número 922, pabellón verde) dispuesto para charlar y dedicar los libros el mismo domingo entre las 15 y las 16 hs.
8 de abril de 2010
Presentación de Elementos Básicos en La Casa de Madera - Mar del Plata
Aunque sé que algunos no podrán estar por la distancia, me permito enviarles a todos la invitación a la primera presentación de mi libro Elementos Básicos, esperando que quienes así lo puedan se hagan un ratito para encontrarnos.
Cuándo: el viernes 16 de abril a las 19 h.
Dónde: en La Casa de Madera, Mar del Plata, en la calle Rawson al 2250.
Para mí será un momento muy importante en el que me gustaría estar con todos ustedes. :)
Un abrazo de oso,
Alejandro
PS: no tengo los libros en mi poder, y no sé cuando estarán en librería. Sí sé que ya está disponible en el catálogo de Dunken:
En Buenos Aires la presentación será el 2 de Mayo, en la feria del libro. Por esa otra presentación ya recibirán las precisiones.
4 de abril de 2010
3 de abril de 2010
Publicación de ELEMENTOS BÁSICOS
Elementos Básicos
Cuentos y relatos breves
Alejandro Luque
Elementos básicos es una recopilación de textos “revisitados” que surgieron de mi participación en dos espacios literarios en línea: el Foro de cuentos de LNOL y el foro de cuentos y relatos breves Perras Negras. La antología refleja mis preocupaciones y vivencias más importantes durante los últimos cinco años, como la comunicación, la soledad, el extranjero, el valor de la palabra, los miedos primarios, las pasiones y los deseos, las injusticias, el asombro y la desilusión, la esperanza, el desencuentro y el pasado como causa que nos precede.
Organizados en cuatro capítulos y un epílogo implícito, los treinta y nueve relatos de Elementos básicos parecen entablar un diálogo independiente a su propia creación, resonando con insistencia una serie de conceptos e imágenes como si dialogaran en voz baja entre ellos a veces de manera sutil, otras de forma manifiesta. De alguna extraña manera, los cuatro símbolos persisten en cada historia como la quintaesencia de una memoria indeleble en el propio intento de escribir.
Luque, Alejandro
Elementos básicos. Cuentos y relatos breves.
1a ed. - Buenos Aires: Dunken, 2010.
160 p. 16x23 cm.
ISBN 978-987-02-4399-1
1. Narrativa Argentina. 2. Cuentos. 3. Relatos. I. Título
CDD A863
Elementos básicos. Cuentos y relatos breves.
1a ed. - Buenos Aires: Dunken, 2010.
160 p. 16x23 cm.
ISBN 978-987-02-4399-1
1. Narrativa Argentina. 2. Cuentos. 3. Relatos. I. Título
CDD A863
13 de octubre de 2009
Al Ras Del Suelo
Al ras del suelo
Alejandro Luque
Alejandro Luque
–Dejame a mí –creo entender de tu susurro. Y digo creo porque, al mismo tiempo que me hacés vibrar el tímpano, me sobás, casi que me mordés el lóbulo de la oreja. Estábamos en el cielo mientras éramos vos y yo hasta que devine la posibilidad de ese abismo en frente de mí.
Trigésimo noveno piso y tus dedos dentro de mi boca. Te apoderás de mis brazos como si fueras dueña y señora. Los alejás de mi torso y los amontonás –sí, lo siento así– por encima de mi cabeza. Por eso tengo tus pezones que me rebotan sobre los labios.
Vigésima séptima planta, y tu lengua que me recorre desde la punta de la nariz hasta esa oquedad ridícula del ombligo. Te detenés por unos segundos, quizá entre el piso veintidós y el veintitrés, y me lamés en línea horizontal, te enredas entre los primeros indicios del pubis, y tus manos comienzan a buscar, a tantear el terreno oscuro y desquiciado que se debe colonizar. Pero me pregunto si sabés lo que pienso sobre el colonialismo.
Fragmento del cuento incluido en la antología Elementos Básicos del autor, disponible en breve.
7 de octubre de 2009
Aire De Sonata
Presto agitato
Con nuestras membranas exhaustas de tanto reabsorbernos, comenzamos a remar el cauce de un mar silencioso y agitato. Pianissimo, como se suele hacer en ese tempo marcato y a contrapunto del primer encuentro, simulamos un sueño largo ma non troppo. Pero ambos sabíamos, espalda contra espalda, que era una nueva coda, simplemente el da capo para la próxima noche en la que estuviéramos juntos. Oí tu respiración perdiéndose ad libitum mientras sentía mi sueño desplegarse in crescendo e cuasi non legato.
Con nuestras membranas exhaustas de tanto reabsorbernos, comenzamos a remar el cauce de un mar silencioso y agitato. Pianissimo, como se suele hacer en ese tempo marcato y a contrapunto del primer encuentro, simulamos un sueño largo ma non troppo. Pero ambos sabíamos, espalda contra espalda, que era una nueva coda, simplemente el da capo para la próxima noche en la que estuviéramos juntos. Oí tu respiración perdiéndose ad libitum mientras sentía mi sueño desplegarse in crescendo e cuasi non legato.
Fragmento del cuento incluido en la antología Elementos Básicos del autor, disponible en breve.
27 de septiembre de 2009
La Razón Del Aire
Hombre de Traje Negro III, pintura de Fabián Pérez
La razón del aire
Alejandro Luque
─¿Está listo, Don Fermín?
─Sí, yo estoy listo, ¿y usted?
─Eh... grabando…
Recuerdo como si fuera hoy que detrás de la higuera, debajo del mamarracho de hojas secas que mi mujer arrinconaba hasta formar una parva impenetrable, encontré la verdad. Fue una mañana en sepia de septiembre, como todas las mañanas que aún corretean los resquicios de mi mente.
Usted pensará, con todo derecho, que un viejo moribundo con un reprochable pasado judicial sólo vive para contar historias. No se equivocaría ya que por más que mi cuerpo se esté apagando y se termine llevando con él todos los secretos de alguna lejana voluptuosidad, mi mente aún conserva intacta toda su luz. Esa que usted espera que ilumine sus certezas y sus dudas, la confesión póstuma que cerrará un caso sin resolver luego de cincuenta años de una oscuridad que a los demás podrá empañarle la vista, pero a mí no.
─Vayamos por partes…
─Si realmente quiere saber, no me vuelva a interrumpir. Una historia debe escucharse en completo silencio para que las preguntas que surjan luego encuentren solas las buenas respuestas.
─¡Oquéi, oquéi!… No interrumpo y escucho.
Fragmento del cuento incluido en la antología Elementos Básicos del autor, disponible en breve.
23 de agosto de 2009
Perspectiva

Volver es posible, aunque la exactitud de los aparatos guarde todavía la elegancia y la sobriedad del error caprichoso: año más, año menos. Después de todo, el tiempo nunca dejará de ser ese enemigo imaginario que nos controla la vida. Volver y reafirmar lo que sucedió en algún momento del pasado, hoy, es tan real como la ilusión que uno pudo tener de chico de que las líneas paralelas se cruzaban en algún punto.
¿Seis? ¿Siete? Carezco de los elementos tópicos para definir con certeza cuántos años tengo ahora que he vuelto. Sin haber perdido la conciencia de la cuarentena, tampoco puedo dominar como a un títere a ese que soy más de tres décadas hacia atrás en el tiempo. De hecho, el objetivo es justamente lo contrario. Volverme la criatura de aquel entonces para asegurarme luego de que todo se perpetrará.
Fragmento del cuento incluido en la antología Elementos Básicos del autor, disponible en breve.
16 de agosto de 2009
El Exorcismo De Agnès

El joven, de unos veinte años, yacía postrado e inconsciente en una hamaca que colgaba de dos arbustos a la derecha, según se entraba al albergue del chamán. Como cada choza de la tribu de shipibos, la del sanador consistía en una pared continua y circular de adobe cubierta por haces de hojas secas y con una abertura que daba al norte, en dirección del río sagrado. La única diferencia con las otras era su posición central en la aldea. La oscuridad de la noche paría batallones implacables de insectos alados que si no se estrellaban aturdidos contra quien estuviera fuera de su mosquitero terminaban achicharrados en las lenguas de fuego que escupían las fogatas. La humedad que exudaba el río Ucayali era insoportable. Combatiendo a cuatro manos esas penumbras infestadas, Agnès se acercó una vez más hasta el muchacho. Enjugó el sudor de su frente, constató la inflamación de los ganglios sublinguales y le tomó el pulso. Le costó encontrarlo. La piel del joven seguía ardiendo, su respiración estaba agitada y entrecortada; y el cuerpo cubierto de ramas, de hojas y de restos secos de mejunjes que olían fuerte, parecía un saco de arena olvidado. Calculó que si la fiebre no descendía antes de la mañana, el joven terminaría como un vegetal que serviría para el festín de todas las alimañas del lugar. Volvió a la tienda de campaña y comenzó a escribir unas líneas en su cuaderno de notas.
El brujo se sirve de una mezcla de hojas y flores secas que cuece durante horas en agua proveniente de lugares específicos y soleados del río. Filtra el cocido y prepara una pasta que luego usa para untar el pecho del enfermo. Confirmo que no es ayahuasca, ya que los ramos colgados a la entrada de la choza me indican que se trata, fundamentalmente, de tres especies vegetales: Eucalyptus botroyoides, Anadenathera peregrina y Datura toe. Como ya he informado, esta tribu hace barrera a las infecciones pulmonares con las esencias del eucalipto rojo. No cabe duda de que las flores narcóticas del “floriopondio” (la Datura) sirven para calmar al enfermo. En cuanto a la función del “yopo” (la segunda especie), tengo mis dudas. Sobre este árbol -raro en la región- valdría la pena centrar algún estudio adicional.
El brujo se sirve de una mezcla de hojas y flores secas que cuece durante horas en agua proveniente de lugares específicos y soleados del río. Filtra el cocido y prepara una pasta que luego usa para untar el pecho del enfermo. Confirmo que no es ayahuasca, ya que los ramos colgados a la entrada de la choza me indican que se trata, fundamentalmente, de tres especies vegetales: Eucalyptus botroyoides, Anadenathera peregrina y Datura toe. Como ya he informado, esta tribu hace barrera a las infecciones pulmonares con las esencias del eucalipto rojo. No cabe duda de que las flores narcóticas del “floriopondio” (la Datura) sirven para calmar al enfermo. En cuanto a la función del “yopo” (la segunda especie), tengo mis dudas. Sobre este árbol -raro en la región- valdría la pena centrar algún estudio adicional.
Fragmento del cuento incluido en la antología Elementos Básicos del autor, disponible en breve.
15 de agosto de 2009
Piel Simple

Fotomontaje del biologuero
Piel simple
Alejandro Luque
Harto de tanto desencuentro individualista en mis relaciones urbanas, me pagué un pack de fin de semana all inclusive a Marruecos. Oferta razonable para la época del año, agente de viajes recomendado por serio, hotel discreto en la vieja medina del norte –o sea lejos del centro insoportablemente turístico– con spa personalizado en la habitación. Las fotos de la publicidad podían mentir, pero ya sentía que mi cuerpo disfrutaba el reposo sobre la cama morisca justo debajo de una ventana en ojiva con vista a un patio interior. Pago en línea, billete electrónico, y la valija de rigor con dos cambios de ropa de verano, un libro y mis notas. La ciudad me regurgitó la noche del jueves y desapareció de mi existencia.
Fragmento del cuento incluido en la antología Elementos Básicos del autor, disponible en breve.
13 de agosto de 2009
Dorita Ojos De Hambre

Manifestación (1934) - Antonio Berni
Dorita ojos de hambre
Alejandro Luque
Dorita ojos de hambre
Alejandro Luque
Aquella mañana se respiraba una mezcla extraña de tensión y determinación en el aire. Doña Idelma iba y venía chancleteando por el patio, un mate con poca yerba en la mano y el “porca miseria” que portaba en los labios y ofrecía cada dos frases que intercambiaba con los inquilinos.
–¿É usté, don Anyelo, anque lei v’andare? – me preguntó con los ojos casi desorbitados y la mano extendida, sin avanzar un centímetro más allá del vano de la puerta de mi habitación.
–Sí, doña Idelma –respondí mientras me levantaba del camastro para aceptar el mate–. Y cuantos más seamos los que gritemos nuestra miseria, mejor –agregué.
–¡Porca miseria, mío filio! É molto pelicoroso perque la polítcia di capi vano lei rompere la testa –sentenció casi con lágrimas en los ojos.
–¿Para qué le sirve la cabeza al que se está muriendo de hambre, doña Idelma? –repliqué devolviendo el mate–. ¡Gracias!
–¡San Yenaro benedeto! ¡Guardate a loro, porca miseria! –rogaba al aire mientras volvía a atravesar el patio con los ojos llenos de lágrimas.
–¿É usté, don Anyelo, anque lei v’andare? – me preguntó con los ojos casi desorbitados y la mano extendida, sin avanzar un centímetro más allá del vano de la puerta de mi habitación.
–Sí, doña Idelma –respondí mientras me levantaba del camastro para aceptar el mate–. Y cuantos más seamos los que gritemos nuestra miseria, mejor –agregué.
–¡Porca miseria, mío filio! É molto pelicoroso perque la polítcia di capi vano lei rompere la testa –sentenció casi con lágrimas en los ojos.
–¿Para qué le sirve la cabeza al que se está muriendo de hambre, doña Idelma? –repliqué devolviendo el mate–. ¡Gracias!
–¡San Yenaro benedeto! ¡Guardate a loro, porca miseria! –rogaba al aire mientras volvía a atravesar el patio con los ojos llenos de lágrimas.
Fragmento del cuento incluido en la antología Elementos Básicos del autor, disponible en breve.
Realmente Podrido
Realmente podrido
elale
La sensación es casi siempre la misma: la inseguridad de la realidad que, al cabo de un rato, se vuelve contundente. Las imágenes se repiten con su parsimonia elocuente, y la angustia late esa fibrilación que me hace estar casi sin ser, justo al principio. ¿Hace falta decir que la mano sale por entre el abrigo de las sábanas para apagar el despertador antes de que emita su puteada insoportable? ¿No es evidente para todos, o casi todos, que lavarse los dientes y tirarse agua en la cara para diluir las lagañas, sean actos automáticos que la memoria puede recrear como realidades? ¿No es eso, la conciencia de estar “procediendo como siempre”, lo que nos asegura de que estamos vivos? Después de todo, si uno vive en el mismo techo que otra persona, la simple falta de rutina es la señal de alerta. Uno no corre el riesgo, en esos casos, de ser encontrado duro y lleno de moscas porque un vecino avisara a los bomberos por el olor in-so-por-table.
Fragmento del cuento incluido en la antología Elementos Básicos del autor, disponible en breve.
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