Mostrando entradas con la etiqueta ironía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ironía. Mostrar todas las entradas

4 de agosto de 2017

222


222 millones de euros es la suma que va pagar el club de fútbol parisino Paris Saint-Germain a su par en Barça  por la transferencia de un chico de 25 años a su plantel. ¡222 millones de euros para perseguir y patear una pelota unas horas por mes y entretener a una importante población de gente por ese rato! Gente que, en su media y en el mejor de los casos, recibe un salario de 1800 euros por mes por laburar 40 horas semanales. 222 millones de euros es el equivalente de 10.000 salarios de esa gente durante diez años (120.000 salarios medios). Pero el asombroso tema no termina ahí. Este muchacho, quien debe ser un deportista excepcional, ganará 30 millones de euros netos de impuestos por año, durante 5 años. ¡30 millones de euros anuales netos, 150 millones de euros en 5 años! Esta gente del público para la que existen estos eventos del fútbol y que hay que entretener (sin olvidar que, además, pagan el espectáculo asistiendo al evento o siguiéndolo por los medios), tiene que laburar un promedio de 35 a 40 años para obtener una jubilación que (y otra vez, en el mejor de los casos) será del 80% de ese salario de 1800 euros, o sea: unos 1500 euros de jubilación por mes. Por lo que el salario de este chico de 25 años en los próximos 5 años representa 10 años de jubilación de 10.000 gentes de este público, que son quienes al final justifican y consolidan este enorme despropósito humano. Que no es el único, es verdad. Y así estamos.



222 millions d'euros est la somme à payer par le club parisien de football Paris Saint-Germain à son pair Le Barça pour le transfert d'un garçon de 25 ans à son équipe. 222 millions d'euros pour taper et poursuivre une balle pendant quelques heures par mois et d’amuser une grande population de personnes y durant ! Des personnes qui, dans leur moyenne et au mieux, reçoivent un salaire de 1800 euros par mois pendant 40 heures par semaine. 222 millions d'euros représente l'équivalent de 10 000 salaires de ces personnes pendant dix ans (120 000 salaires moyens). Mais le sujet incroyable ne s'arrête pas là. Ce garçon, qui doit être un athlète exceptionnel, gagnera 30 millions d'euros nets d'impôts par année pendant 5 ans. 30 millions d'euros par an nets, 150 millions d'euros en 5 ans ! Ces personnes du public pour lesquelles ces événements de football existent, et qui doivent être amusés (sans oublier que, en plus, ils paient le spectacle en y assistant ou en le suivant dans les média), il faut qu’ils bossent en moyenne 35 à 40 ans pour obtenir leur retraite que (et encore, dans le meilleur des cas) ne sera qu’un 80% de ce salaire de 1800 euros, soit environ 1500 euros de retraite par mois. Ainsi, le salaire de ce garçon de 25 ans au cours de ces 5 prochaines années représente 10 ans de retraite de 10 000 personnes de ce public, qui sont finalement ceux qui justifient cette énorme absurdité humaine. Que ceci ne soit pas la seule bêtise, c'est vrai. Pourtant, nous y sommes.


AL


20 de diciembre de 2012

EL 21 DE DICIEMBRE DE 2012 SE ACABA EL MUNDO

Foto del biologuero

El 21 de diciembre de 2012 se acaba el mundo
Alejandro Luque


Un meteorito de lucidez choca con la atmósfera terrestre y devasta todo tipo de especulación.

Cinco minutos luego del impacto, un tsunami de altruismo barre con todas las mezquindades y pequeñeces de las costas humanas y penetra hasta el corazón mismo de los continentes más elevados de la necedad despojándolos de todo individualismo malsano y masturbatorio.

La inestabilidad provocada por el primer choque despierta las entrañas del planeta abusado, y vómitos incontenibles e inconmensurables de un magma de voluntad carbonizan la tierra de la política y sus intereses deshonrosos.

Unas horas después, la atmósfera de las desigualdades groseras se vicia de sulfurosos y densos vapores de equidad y solidaridad que asfixian toda desvida tan impertinente como fútil.

En plena madrugada, la ionización radiactiva en cadena del alma humana penetra todos los rincones de su propia naturaleza causando mutaciones irreversibles en la forma de cohabitar con los otros y de coexistir en el medio que los alberga.

Megahuracanes e indescriptibles tifones de conciencia escarban los rincones de las diferencias ociosas y atomizan las fronteras y murallas de todas las identidades extremas y fanáticas que mantuvieron separada la única realidad posible, común a todos e innegable: la identidad humana sin divisiones.   

Al amanecer del 22 de diciembre, ya no quedan trazas de la vida anterior que pobló el planeta: hay aire, agua y alimentos para todos; la obscenidad de la incalculable pobreza de la que se alimentó sin mesura la riqueza de unos pocos se extingue en masa, como también desaparecen de la faz de la tierra las enfermedades que siempre fueron curables porque los remedios se esparcen por todo el planeta como una miríada de meteoritos secundarios incontenibles.


En los registros fósiles que se hallarán millones de años después de este evento devastador, se podrá leer que éste fue el día en el que el ser humano perdió su adolescencia.


20 de julio de 2009

Pseudo-ensayo Sobre La Triste Irrealidad Del Jeringoso Y El Síndrome De Plutón Asociado


Perfecta imágen encontrada en este lugar

Pseudo-ensayo sobre la triste irrealidad del jeringoso
y el síndrome de Plutón asociado

Apalepejanpadropo Lupuquepe

“¿Vospo hapabláspa elpe jeperinpigoposopo? ¿Sipi? ¡Gepenialpa!”

Resulta que he vivido convencido de que ese idioma que hablaba con mis amigos para que nadie entendiera nuestros secretos en el colectivo o en el recreo, no sólo no es un idioma sino que tampoco se llama “el jeringoso”. Según la monárquica academia ibérica, este ‘lenguaje especial de algunos gremios, de mal gusto, complicado y difícil de entender, usado coloquialmente también para denotar una acción extraña y ridícula, y localmente para señalar que alguien anda en rodeos o tergiversaciones maliciosas’, se denomina muy femeninamente “la jerigonza”.

De alguna manera tardía, es triste darse cuenta de que uno vivió la ignorancia cultural de ostentar el uso de una lengua no materna –bueno, en este caso un ‘lenguaje gremial y de mal gusto’–, mencionándola incorrectamente. Como creerse que uno posee un finísimo tono oxfordiano que resuena “very bright” al invitar a su mejor amigo con el “Do you like some tea, my dearest?” y escribir convencido en el CV que uno habla “fluently linglish”.

Así es que en mis verdes años me faltó, sin duda, algún colocutor integrista que, a la pregunta de más arriba “¿vospo hapabláspa elpe jeperinpigoposopo?”, me respondiera, “¿Quépe? Lapa jeperipigonpozapa, queperráspa depecirpi”, y con tan adusta sentencia aboliera futuros decenios de escarnio ajeno. Y no, no lo hubo, por lo que seguro que no faltó algún soporeptepe escuchando de refilón, y al haber descubierto el error en la dicción haya salido corriendo a dispersar la clásica ignominia “¡Dipijopo jeperinpigoposopo! ¡Dipijopo jeperinpigoposopo!

Reflexionando acerca de mi falla lingüística, intenté encontrar su génesis (todo error tiene un principio). ¿Por qué para mí era jeringozo la jerigonza? Y la respuesta me vino en una imagen ‘patente, patente’, como diría la Chona. Si uno se fija en la sintaxis de este ‘lenguaje de mal gusto’, rápidamente entiende que se trata de dividir las palabras en fonemas silábicos a los que se le agrega a continuación una “p” más la vocal fuerte antes contenida. ¿Sepe enpetienpedepe? En realidad, no es ni más ni menos que la “inyección” de nuevos fonemas a la serie original. Y quien dice inyección piensa en las temibles “jeringas”, lo que me ha llevado a imaginar, seguramente, que como existe una forma de hablar “gangoso”, el hecho de inyectar fonemas que comiencen con “p” en las palabras es un arte jeringoso o, dicho de otra manera, es el uso del idioma jeringoso ¿Mepe Sipiguenpe?

La explicación a mí me tranquiliza, aunque descuento que la corona ibérica me dará cero crédito. Pero sentirme un inculto súbdito a la altura de mis abriles no me piace. Por lo que me puse a buscar de dónde sacaron los monarcas de la lengua la raíz de la jerigonza, algo así como intentar una epistemología casera o apócrifa. Y encontré una pista consultando al príncipe bobo de la monárquica, también llamado en la intimidad el Depedé, por eso de Diccionario panhispánico de Dudas. Parece ser que se asimila este ‘lenguaje complicado’ a la ‘jerga’ (vocabulario técnico o de oficios), cuya raíz proviene del francés “jargon”, y ésta a su vez del provenzal “gergons”. De ahí también que se pueda leer de vez en cuando (aunque ‘no se recomienda en la lengua culta’) “gerigonza", o escuchar en el seno de ciertos calderos populares el también incorrectísimo “jeringonza”. Tocado.

He aquí la confesión de mi incultura revelada desde los pliegos reales que resultan indiscutibles. Pero yo me pregunto, ¿con qué derecho los monarcas de nuestra lengua nos quitan este verdadero idioma que tiene reglas estrictas (cuidado con pluralizar los fonemas “p”, salvo que se quiera marcar la diferencia, y dividir diptongos indivisibles) y hasta dialectos, varios nada más que en la misma Argentina (el rosaringasino, el cordobái’) ? Me siento igual que cuando me quitaron a Plutón como el noveno planeta del sistema solar y nos enchufaron un plutoide (un pluputoipidepe) un tanto perdido en el espacio, y la mar en coche: yo me quedé inocultablemente desequilibrado con mi bagaje cultural portado durante decenios (sin mencionar los estragos que la abolición de Plutón habrá hecho en las predicciones astrológicas y la vida de quienes se sienten afectados por los planetas). Y como de costumbre, nadie dijo nada (ni un sólo cacerolazo en este planeta que nos permiten habitar) por que nos devuelvan a Plutón. Por lo que hoy tenemos, y por decreto, ocho planetas y un montón de piedritas más o menos grandes dando vueltas por ahí, que ni quiero imaginar lo que producirá en los ascendentes de la nueva generación. Con lo de la jerigonza, ‘este lenguaje especial’ reducido a algo que esconde ‘tergiversaciones maliciosas’, yo me siento igual, si no peor.

Y si se trata de declarar la guerra a la monarquía, yo pongo mi grano de arena y cuento con las huestes de Amazonas siempre dispuestas (las huestes y ellas mismas) a combatir el detalle injusto. No, yo no me voy a ir a dormir herido sin haber lanzado mi estocada. El reino del castellano mantiene vicios machistas inocultables, y suele otorgar el género femenino a conceptos que considera menores. Como la jerigonza ha sido definida como el lenguaje de un grupo ‘gremial’ (Moyano viene entonces a ser en una especie de Delfín), entonces es menor que el lenguaje alemán que se practica en pleno desenfreno de la Octoberfest, o el inglés susurrado en medio de la bruma londinense, o el árabe que se grita de una orilla a la otra del famoso canal Suez. O sea que el modo de comunicación ‘difícil de comprender’ tendrá género femenino: la jerigonza. Al igual que la jerga, (por más que venga del “jargon” francés, que es masculino): como es algo menor a un idioma, la corona bregará por su feminidad. Pienso en el nivel superior que denota EL habla en nuestras cabezas como matriz de LA comunicación que resulta; EL verbo sobre de LA palabra, EL párrafo encima de LA oración. Yo que me jacto de los ismos, me encuentro inculto y rebanado de mi masculino jeringoso. ¡Habrase visto!

Pero nunca es tarde cuando la dicha es buena, o algo así. Hoy he tenido la oportunidad de desasnarme y de evitar, en los años que me queden de vida, incurrir en el mismo error jeringuístico, pero todo tiene un límite. Por eso, compañeras: ¡cuento con ustedes! Y también con los muchachos que sienten el mismo síndrome de Plutón. Mientras tanto dejaré de hablar la jerigonza porpo laspa dupudaspa.

Archívese, divúlguese y déjese estar.

19 de julio de 2009

Monólogo Atormentado


"Desperation" por Antonina-Art


Monólogo atormentado

Alejandro Luque


Querido lector,

Para empezar, lo masculinizo porque estoy harto de la sensibilidad femenina que trata de hacerme aceptar lo insoportable, y porque mi médica de cabecera y mi psicóloga pertenecen al género de la suavidad y la aceptación. ¡Claro! Es tan fácil decir “No beba alcohol y utilice esto cada seis horas, y por la mañana en ayunas”, o “Trate de aceptar que usted no puede manejarla; olvídela y deje que ella fluya”. Me hartan, y hasta creo que estas minas están ahí para cagarme la vida y sacarme más dinero. Pero no voy a hacer de este grito desesperado un panfleto machista, porque el tema es grave, como lo es la hora, y no quiero ser violento.

Todo comenzó esta tarde, justo unos escalones antes de llegar a la puerta de mi departamento. La sentí como una puntada que se despierta y que pretende ocupar todo el lugar psicológico y emocional que pueda existir en la galaxia. Sé que el lector experimentado sabrá, con esas pocas palabras, reconocer no sólo al personaje sino también la magnitud de su tormento: “A buen entendedor, pocas palabras bastan”, eso dicen, y usted y yo sabemos que es verdad. ¿Qué otra cosa podía hacer frente a la puerta aún cerrada? ¡Exacto! Pegué media vuelta y me fui. Ya sé que eso no resuelve nada, de hecho no logré con aquel acto heroico eliminar la molestia de su presencia en mi piel, en mi alma, en mi existencia. Ella es mi monstruo personal, mi castigo y la imposibilidad de borrarla de mi vida. ¿No es injusto vivir como una víctima que conoce la cara de su verdugo, sus mínimos signos, sin poder hacer otra cosa que huir inútilmente? Sí, es lo que yo digo. Yo intento por todos los medios de liberarme. Hasta he optado por hablarle como cuando uno se comunica con las criaturas, con monosílabos musicales, con calma y certeza intelectual, incluso con ese amor que, se podrán imaginar, no me habita, pero ella vuelve como un cometa nefasto, como una hembra que no sólo quiere vengarse, sino que también necesita que yo, su víctima, me retuerza de dolor y de frustración. ¿De frustración? Sí, porque no hay peor relación que la que se establece con lo que se pretende olvidar, contra lo que se ha combatido con todos los presupuestos (materiales y emocionales), y aún así presenciar su retorno de fiera incontenible. Uno se vuelve hipersensible al final y termina sintiéndose una especie de marioneta imbécil. Es tan fácil decirle a otro "Déjela que ella fluya".

De mi departamento me fui a lo de Chela. Si usted me lee desde hace tiempo, sabrá a quién me refiero. Si lo hace por primera vez o desde hace poco, confío en usted, querido lector, que sabrá entender. Chela no me atendió, seguramente dormiría su bordeaux debajo de la higuera. Corrí hasta lo de Ceferino, pero tampoco estaba. Una vecina me dijo que preparaba una manifestación contra las máquinas tragamonedas en Santa Polola. Lo llamé a Gregorio, pero me atendió su secretaria. El ex cura, que casi se murió de un síncope, estaba ocupado con su portal de encuentros amorosos. Y por eso recurro a usted, querido lector, porque sé que puedo confiar en estos momentos, cuando me siento atacado y perseguido. Y porque necesito apoyo para hacer lo que sé tengo que hacer. No le pido complicidad, pero sí entendimiento y apoyo moral.

Fíjese cómo estoy volviendo cansado a casa con la presencia de ella llagándome la carne. Observe cómo abro la puerta y respiro profundamente. Constate el detalle de mi mano que baja hacia el pie con premeditación y alevosía, descalza al pie derecho y aferra el zapato preparado para lo que sea. Míreme tirarlo en un rincón con desprecio, con furia. Y aquí estoy, dispuesto a enfrentarla. Extraigo con inquina la media; la acaricio, primero, y después la retuerzo como pretendiendo preparar el arma del crimen. Sin embargo, voy hasta el botiquín y saco la crema a base de corticoides. Me unto a seis manos con frenesí sin dejar de repetir cuánto la odio.

Querido lector: ¿acaso hay tormento más terrible que una ulceración eccematosa de origen nervioso en la planta del pie?