debe ser horrible escuchar otra bomba que cae en la esquina llena de escombros o en la terraza del edificio a punto de desmoronarse acribillado de balas y morteros debe ser horrible pensar después de la explosión que esta vez no fue tan grave y que no hace falta esconderse debe ser horrible que justo después de la explosión empiece el mareo y que la cabeza quiera explotar como la bomba debe ser horrible creer por un momento que esa bomba pueda ser inofensiva debe ser horrible no poder entender las reglas del juego de los grandes mientras el gas se pega a la piel a la ropa a las mucosas debe ser horrible sentir picazón por todos lados como la cara las manos los pies debe ser horrible sentir que pican la garganta los ojos los pulmones y la sangre debe ser horrible querer rascarse los pulmones y la sangre y no poder debe ser horrible pretender respirar cuando los pulmones se endurecen y las mucosas se cuartean debe ser horrible sentir la asfixia que avanza un poco más en cada intento de inspirar debe ser horrible el dolor de las tripas desgarrándose y de la hiel subiendo por el esófago dificultando todavía más el respiro que ya se apaga debe ser horrible el último segundo el último instante del último segundo de vida de una criatura de unos pocos años de cualquier criatura sin importar los años que se muere envenenada por el gas tóxico que alguien puso en una bomba infame y la largó sobre la población así de horrible es la bomba más infame de todas las bombas
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8 de abril de 2017
3 de septiembre de 2015
Como el humo y la vergüenza
Imagen AFP, en Le Monde
El horror plasmado en dos dimensiones circula desde hace unos días en las tres o cuatro tomas "recortadas" que divulgó AFP y, que al verlas, a mí (también) me avergüenzan. Humana y europeamente me avergüenzan. Me avergüenza ver el cuerpo naufragado de un chico de tres años semienterrado en la arena de una playa turca. Y mi vergüenza ahora tiene nombre y apellido y nacionalidad: Aylan Kurdi, sirio. Y mi vergüenza se agranda aún más cuando me veo reflejado en cualquiera de los dos tipos pescando a unos metros del epicentro del horror plasmado, arriba y a la derecha de la foto. Con vergüenza me digo que esos dos pescadores despreocupados del entorno y centrados en la indiferencia simbolizan sin eufemismos Europa y los europeos mirándonos el ombligo. Es cruel. Me siento cruel. Cruel pretender que un político que me represente haga lo que yo no hago. Cruel ver que pertenezco bien a la comunidad a la que pertenezco. Es cruel saber que este horror plasmado es uno más de los cientos de horrores que no han sido captados por un fotógrafo en los últimos meses. Los títulos y copetes de los medios suenan solemnes y contundentes y hasta salmodian: “El verano terminó, Señor Cameron… ahora hágase cargo”, “La foto de una criatura muerta ahogada se convierte en símbolo del drama de los inmigrantes”, “Una foto para abrir los ojos”, “Aylan, el pequeño sirio que huía de uno de los bastiones islamistas”, "La imagen de un chico que es el mundo entero”, “El disparo que sacude al mundo”. Pero esos títulos se esfumarán injustificablemente de la actualidad en unos días como la vida de cientos de otros desesperados del planeta, como el humo y la vergüenza.
Alejandro Luque. París, 3 de septiembre de 2015
26 de julio de 2014
Terrorismo asimétrico en Medio Oriente
Terrorismo asimétrico en Medio Oriente
Con un dejo de ironía que reconocí de una, escuché
la pregunta que esta mañana tomando café me hizo una colega “Y vos qué pensás
de lo que pasa entre Israel y Hamas [sic]?”. Respondí: Hamas es una organización
militarizada terrorista que el propio libro sagrado al que rinden culto ya los
ha condenado desde hace rato, como lo es el poder actual de Israel que dirige
la colonización absolutamente ilegal de terreno palestino desde la segunda
mitad del siglo pasado; terreno que, por ende y obviamente, no le pertenece políticamente
como tampoco desde los mismos preceptos de la religión que profesa y por la que
dice batirse. Hamas es un grupo terrorista armado de la extrema islámica que el
occidente liberal y capitalista quisiera eliminar de la faz de la tierra a
cualquier precio (y ya sabemos los precios que está dispuesto a pagar este
occidente cretino al que pertenecemos); Israel es un grano en el culo para más
de un liberal que sabe bien que la ultraderecha del Likoud es tan perniciosa
para su salud como el islamismo que ha decidido abolir. Por qué más perniciosa?
Porque la armó hasta los dientes, la incubó en su seno de libertad por razones de
altísimo dinero e intereses estratégicos en ese Medio Oriente que es el último
bastión terrestre donde saciar su irreprimible y malsana sed petrolera; porque
el nacionalismo judío al que dio y sigue dando ventaja, que como todos los
nacionalismos es odioso, vengativo y ciego –y los más peligrosos son los que
están bien armados–, se escapan de su control cada vez más. En una escala menos
tecnológica, es lo mismo que pasa con la bolsa de gatos que conforma hoy el
grupo armado de Hamas y la Organización por la Liberación de Palestina. Entonces,
lo que pienso de lo que pasa en Medio Oriente no es muy diferente de lo que
pensaba hace muchos años. Hay enfrentadas dos autoridades militares armadas de
forma y con apoyos de la comunidad internacional muy asimétricos. Una de ellas
pretende expandirse ocupando ilegalmente el terreno de la otra que quiere
eliminarla. En medio hay mucha gente que no está armada pero que vive
horrorizada y en total estado de injusticia. Por cada muerto de un lado, mueren
cientos del otro. Pero en algo se asemejan como dos gotas de agua: son dos
bandas de terroristas fanáticos y enceguecidos que no pararán hasta generar un
desastre incontrolable. Y cuando terminé de decirle esto (o más o menos esto) lo
único que agregó mi colega fue “Vamos Alex, que no se puede comparar!” Y cambió
rotundamente de tema.
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