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7 de agosto de 2017

Vos tendrías que


Hace mucho que quiero escribir sobre esta maliciosa construcción del condicional que escucho muy seguido de aquellos que opinan superficialmente –y no dudo que de buena fe– sobre lo que uno debe hacer según ellos para resolver la situación de mierda que nos acontece y que ellos perciben desde su lugar.
No hay expresión menos empática que el “Vos tendrías que”. Este condicional –paquete modo que aprendimos a usar para relativizar el rigor de algo que queremos afirmar–, tiene un componente en castellano que es el verbo tener y que se usa en este caso como mandato equivalente al deber. El condicional lo suaviza, onda que lo que vos pensás que tengo que hacer, que debo hacer, para no presionar, se transforma en el vos tendrías que, que suena mucho mejor, porque parece que no obliga y, por sobre todo, le saca racionalmente al emisor la responsabilidad de que vos encuentres una solución verídica. Es verdad, de hecho no lo hace. Uno podría hacer aquello para que le vaya mejor, que seguir con esto otro con lo que sin lugar a dudas no la va tan bien. Recuerden: poder es posibilidad, tener es deber o mandato. Uno le agrega el condicional y parece que son la misma cosa, pero no lo son.
Lo que jode doblemente al receptor del “vos tendrías que” (receptor que, desde el vamos, está en falta frente al emisor, ya que éste piensa que uno no está haciendo lo que “habría” de hacerse) es sentir en carne propia que todo lo que uno ha intentado, vivido, fracasado y vuelto a intentar, para el otro no es suficiente, que no sirve ni existe, que uno está ahí sangrando al pedo porque no vio que se podría haber hecho otra cosa. De hecho, uno “tendría” que haber hecho esa otra cosa que no hizo o no la hizo del todo como “tendría” que haberla hecho. “Estoy sin laburo hace mucho, está complicado” “¿Ya miraste en los avisos en el diario?” “Sí, claro. Hay trabajo en este rubro, pero no es el mío” “Ah, vos tendrías que pensar en lo que querés” “Yo sé lo que quiero” “Sí, pero vos tendrías que ser menos pretencioso y reconvertirte” “Reconvertirme, de acuerdo, pero ¿en qué, cómo? Y vos, ¿sabés qué es reconvertirse?” “Bueno, yo te digo lo que me parece que tendrías que hacer” “Gracias”.
A veces no existe este diálogo, porque el que está buscando laburo y no lo encuentra, o al que le va mal en una relación y no logra cambiarla, o quien intenta hacer las cosas de otra manera pero no puede; en resumen, el que “tendría que” hacer lo que no hace según el otro se enmudece pensando que las cosas en su vida están aún peor de lo que estaban antes de recibir esa lección de dirección preclara y bien fundada, porque está disfrazada de ese condicional implacable que no obliga aunque ponga en falta.
Yo me pregunto, ¿cuándo nos volvimos tan pelotudos como para pensar que si el otro está mal es uno quien la tiene clara? ¿Cuándo nos convencieron –y quién lo hizo– de que la empatía es crear distancia, altura y diferencia? Porque cada vez que decimos una frase que empieza por “vos tendrías que” nos alejamos años luz de la realidad del otro. La empatía no tiene nada que ver con eso. Cuando decimos “vos tendrías que” –no nos mintamos– no le estamos dando una pista real y con onda al otro, no le estamos brindando ayuda alguna porque no estamos ni ahí de ponernos en su lugar, de acercarnos, si más no fuera, a entender realmente su problema: le estamos diciendo que debiera hacer eso que pensamos, que seguramente ni siquiera nosotros haríamos, y que no hay nada más que discutir. El “vos tendrías que” es una putada por eso: es indiscutible, es un juicio, desde cualquier lado que se lo mire es algo infranqueable, y suele terminar con la misma lógica impardable del otro famoso “hacé lo que te parezca”. Cada vez que decimos "vos tendrías que", a sabiendas o no, estamos emitiendo un juicio sobre el otro. Sí, lo juzgamos porque desde nuestro lugar nos parece claro el camino que el otro debiera seguir, sin detenernos un momento a "sentir" lo que el otro está sintiendo y necesitando en su lugar. El "vos tendrías que" es la No-Empatía.
En un atelier que seguí hace unos meses para organizar mi situación de desempleo, la instructora puso desde el primer día una única consigna que teníamos que respetar a rajatabla. Cada vez que nos dirigiéramos a uno de nuestros pares del atelier para indicarle algo que pensábamos sobre su histórico o sus formas de hacer o no hacer, teníamos que hacerlo utilizando el encabezado “En tu lugar yo…”. Jamás el “Tendrías que”. A fuerza de cumplir con la consigna, esos desconocidos que éramos y con los que nos fuimos conociendo a lo largo del taller, dejaron de ser un objeto de juicio para transformarse en personas iguales que tienen problemas distintos a los de cada uno, como los de cada uno son distintos a los de los demás. Todos estamos en el mismo quilombo del que cada uno sabe que no es fácil salir ni por dónde, aunque sabemos que tenemos que hacerlo, que "tendríamos que hacerlo", y que lo que menos necesitamos es que desde una cierta altura de superación y falta de verdadera empatía alguien venga a decirnos lo que tendríamos que hacer sin haber medido por un segundo a quién se lo están diciendo y viniendo desde qué lugar.
Por favor: no digan más lo que ustedes piensan que tendría que hacer el otro. Cada vez que lo hacen es seguro que lo dañan, lo frustran, lo ningunizan y, por sobre todo, no le están dando la pista a la solución que necesita, que está buscando desesperadamente o desde sus propias limitaciones. Si no se pueden poner en el lugar del otro, que es lógico, no digan nada. Es preferible que no le digan nunca nada. Y tengan en cuenta que están rodeados de muchos, cientos, miles, miles de miles de otros que sienten, viven y se desencarnan a cada segundo, a cada minuto, todos los días al despertarse, cuando se lavan los dientes, cuando abren el diario, cuando se meten la mano en el bolsillo, cuando apagan la luz, cuando te los cruzás en la calle o vienen a tu casa o te los encontrás en FB o en la mesa de un café. Todos ellos sienten exactamente lo mismo cuando alguien empieza o termina sermoneándolos con el puto “vos tendrías que”. Y lo digo por simple y pura empatía que, a estas alturas de lo incomprensible, se me hace tan necesaria como el aire cada vez más putamente enrarecido que respiramos todos por igual.



31 de marzo de 2017

Empatía



En estos días, en estos años, en este tiempo en el que nuestras urgencias individuales nos provocan esa presbicia social y cultural que no tiene solución en ninguna óptica de barrio o centro comercial, yo propongo salir a la calle a gritar, a hacer huelgas y pedir que las seguridades sociales nos cubran los lentes de la empatía. En esta época en la que cada franja tribal vitupera la que percibe en frente, al costado, arriba o abajo, yo pido porque los poderes legislativos, ocultos o no, nos marquen el camino legal hacia la empatía. Ahora que todo es inmediato, noticias, opiniones, juicios, irrelevancias y menosprecio, ahora que las distancias parecen haber desparecido y todas las personas nos creemos ver, entender, experimentar, comprender, sentir todo y a todos a través de las redes y sus inmediateces, yo pido por que nos envíen el enlace interactivo y permanente de la empatía. Hoy que la educación se nos cae a pedazos por opiniones, posturas, políticas, intereses y ausencia total de visión de futuro de todas las partes, yo reclamo que el primer día de cualquier clase les expliquemos y declinemos en todas sus formas a nuestro futuro qué quiere decir empatía, que lo escriban cien veces, mil veces, recorten y peguen, pero que entiendan al menos una vez su significado. En este momento en el que mueren pibes de hambre, de guerra, de odio, de abandono, de desvida; en este preciso momento en el que seguro hay alguien a menos de cien metros de nosotros que está solo, desamparado, al borde del abismo, necesitando una mano, enfermo, devastado, a punto de desvivirse, yo exijo que los candidatos que nos gobiernan y los que están haciendo campaña para hacerlo, nos digan claramente cómo van a implementar la empatía en el pueblo, en sus votantes, en sus ciudadanos; que lo digan sin peros ni timidez; que lo griten, que lo enarbolen como bandera. Ya quiero que los poderes judiciales penalicen la delincuencia de los apáticos con penas de empatía forzada; que se propongan ministerios de empatía durable y que se defina una cartera para establecer y mantener líneas verdes que reciban los reclamos de empatía. Que nadie en este mundo se vea privado de empatía. Que nadie nunca pueda decir que una persona no haya sabido ponerse en su lugar. Que el dolor nunca más sea un sentimiento ignorado. Que la invalidez, la enfermedad y el desamparo no vuelvan a ser un camino en soledad para quienes no quieran estar solos. Que la diferencia jamás sea la excusa para segregar. Y en este instante que ya se acaba exijo al individuo humano el compromiso de su propia humanidad: humanidad sin la que no seremos otra cosa que esto que estamos siendo, sufriendo, aceptando, destruyendo, ignorando por ausencia de empatía.

24 de marzo de 2017

Límite Exterior de la Plataforma Continental Argentina




El 22 de Marzo de 2017, la Comisión del Límite Exterior de la Plataforma Continental, dependiente de la Covención sobre los Derechos del Mar de la ONU, aprobó la zona pendiente de resolución (en rojo en el mapa) de 1633 km2, con lo que se concluye el reconocimiento del espacio marítimo-oceánico de la República Argentina que se extiende más allá de las 200 millas marinas desde la costa, y suma al territorio nacional 1.700.000 km2 de soberanía y juridicción para la explotación y conservación de recursos, como así también para fundamentar con argumentos aún más sólidos las demandas por litigios en Malvinas e islas del Atlántico Sur, sobre los que la Comisión no se expide. El proyecto fue presentado en 2009 durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner y fue aprobado con dos reservas (zona roja) en Marzo de 2016 durante la gestión de Mauricio Macri quien continuó la línea diplomática de su predecesora para que la comisión concluyera con la total aceptación del proyecto el 22 de Marzo de 2017. 




(Fuentes: Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Información para la prensa 088/17, 
Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental

29 de octubre de 2016

Octubre de 1964: Jean-Paul Sartre Rechaza el premio Nobel de literatura


Por estos días, pero en 1964, Jean-Paul Sartre (1905-1980) enviaba una segunda carta a la Academia Sueca del Nobel explicando su indefectible negativa a aceptar el prestigioso premio literario que le fuera otorgado “por su obra abundante de ideas que, gracias al espíritu y la búsqueda de la verdad, ha ejercido una amplia influencia en nuestra época.” La primera, que Sartre envió unas semanas antes pidiendo que se lo eliminara de la lista de candidatos, no fue leída, aunque tampoco hubiese servido de nada ya que el premio había sido asignado meses atrás y los académicos difícilmente (si no jamás) desdicen sus decisiones. Más abajo traduzco la segunda carta, entonces, que Sartre envió a las editoriales de varios medios porque leer a Sartre es siempre un placer que hoy tengo ganas de compartir, porque en lo que a mí concierne este fue un ejemplo de compromiso político sobre el que vale la pena reflexionar, y porque es esta época también la de otro premio Nobel de literatura un tanto polémico, luego de dos semanas de un silencio interpretado de mil maneras y que Bob Dylan acaba de romper para anunciar asombrado su aceptación. Cabe agregar que la designación de Sartre al premio Nobel de literatura fue también muy polémica y extremadamente politizada, no menos que el rechazo mismo del premio por parte del escritor y pensador francés que ya había declinado varios otros honores institucionales.

“Lamento enormemente que el asunto haya tomado la apariencia del escándalo: un premio ha sido otorgado y yo lo rechazo. Esto ha ocurrido así debido a que no he sido informado con antelación de lo que se preparaba. Cuando leí en el ‘Figaro Littéraire’ del 15 de octubre, de la pluma del corresponsal sueco del diario, que la Academia sueca se inclinaba por mí, aunque no estaba todavía decidido, pensé que escribiendo una carta a la Academia, que envié al día siguiente, podría dejar las cosas en claro y que no se hablaría más. Ignoraba entonces que el premio Nobel es concedido sin que se le pida su opinión al interesado, y pensé que era tiempo de evitarlo. Pero entiendo que la Academia sueca que ha hecho una elección no pueda ya desdecirse.
Las razones por las que renuncio al premio no tienen que ver ni con la Academia ni con el premio Nobel en sí, como lo expliqué en mi carta a la Academia. En ella invoqué dos tipos de razones: personales y objetivas.
Las razones personales son las siguientes: mi rechazo no es un acto improvisado, siempre he declinado las distinciones oficiales. Cuando, después de la guerra, en 1945 me propusieron la Legión de Honor, la rechacé aunque tuviera amigos en el gobierno. Igualmente, nunca quise entre en el Collège de France, como me lo han sugerido algunos de mis amigos.
Esta actitud está basada en mi concepción del trabajo del escritor. Un escritor que toma posiciones políticas, sociales o literarias no debe actuar sino con los medios que le son propios, es decir la palabra escrita. Todas las distinciones que pueda recibir exponen a sus lectores a una presión que no me parece apropiada. No es lo mismo si firmo Jean-Paul Sartre, que si firmo Jean-Paul Sartre, premio Nobel.
El escritor que acepte una distinción de este tipo se compromete también con la asociación o la institución que lo ha honrado: mis simpatías por ‘organizaciones clandestinas’ venezolanas no comprometen a nadie sino a mí, mientras que si el premio Nobel Jean-Paul Sartre toma partido por la resistencia en Venezuela, acarrea consigo todo el premio como institución.
El escritor debe entonces rechazar dejarse transformar en institución, incluso si esto ocurre de las formas más honorables, como es este el caso.
Esta actitud es de toda evidencia absolutamente mía y no significa una crítica contra quienes han sido ya coronados. Estimo y admiro mucho a varios laureados que tengo el honor de conocer.
Mis razones objetivas son las siguientes:
El único combate posible en la actualidad en el frente de la cultura es el de la coexistencia pacífica entre las dos culturas, la del Este y la del Oeste. No quiero decir que se deban abrazar, sé bien que la confrontación entre esas dos culturas necesariamente debe tomar la forma de un conflicto, pero esta confrontación debe tener lugar entre los hombres y entre las culturas, sin la intervención de las instituciones.

En lo personal, percibo profundamente la contradicción entre las dos culturas: estoy hecho de contradicciones. Mis simpatías apuntan innegablemente al socialismo y a lo que se denomina el bloque del Este, pero nací y fui criado en una familia burguesa y una cultura burguesa. Esto me permite colaborar con todos los que quieren que las dos culturas se acerquen. No obstante, espero por supuesto que ‘gane el mejor’. O sea el socialismo.
Es por eso que no puedo aceptar ninguna distinción distribuida por las altas instancias culturales, tanto del Este como del Oeste, aunque comprendo más que bien su existencia. A pesar de que todas mis simpatías estén del lado socialista, sería igualmente incapaz de aceptar, por ejemplo, el premio Lenín si alguien quisiera otorgármelo, que no es el caso.
Sé bien que el premio Nobel en sí mismo no es un premio literario del bloque del Oeste, pero es lo que se hace de él, y pueden acontecer eventos que no fueran decididos por los miembros de la Academia sueca.
Es por eso que, en la situación actual, el premio Nobel se presenta objetivamente como una distinción reservada a los escritores del Oeste o a los rebeldes del Esto. No se ha coronado, por ejemplo, a Neruda, que es uno de los más grandes poetas suramericanos. Nunca se ha hablado seriamente de Louis Aragon, que sin embargo bien lo merece. Es lamentable que se la haya dado el premio a Pasternak antes de dárselo a Cholokov, y que la única obra soviética coronada haya sido una obra editada en el extranjero y prohibida en su país. Se podría haber establecido un equilibrio a través de un gesto similar en el otro sentido. Durante la guerra de Algeria, cuando habíamos firmado la ‘declaración de los 121”, hubiera aceptado el premio con reconocimiento, porque no se me habría coronado sólo a mí, sino también la libertad por la que luchábamos. Pero eso no ocurrió y es sólo después de que el combate terminara que se me otorga el premio.
En la motivación de la Academia sueca se habla de libertad: es una palabra que invita a muchas interpretaciones. Al Oeste, se comprende una libertad general: en lo que a mí respecta, entiendo una más concreta que consiste en el derecho de tener más que un par de zapatos y de comer a saciedad. Me parece menos peligroso declinar el premio que aceptarlo. Si lo acepto, me presto a lo que llamaría ‘una recuperación objetiva”. Leí en el artículo del Figaro Littéraire que ‘no me juzgarán por un pasado político controvertido’. Sé que este artículo no manifiesta la opinión de la Academia, pero muestra claramente en qué sentido se interpretaría mi aceptación en los medios de derecha. Considero ese ‘pasado político controvertido’ siempre válido, auqnue esyé dispuesto a reconocer ciertos errores cometidos en medio de mis camaradas.
No quiero decir con esto que el premio Noble sea un premio ‘burgués’, pero he aquí la interpretación burguesa que darían inevitablemente los medios que conozco bien.
Finalmente, vuelvo sobre el tema del dinero: es algo muy pesado que la Academa pone sobre las espaldas del laureado acompañando el homenaje con un monto enorme, y este problema me ha atormentado. O bien uno acepta el premio y con el monto recibido se puede apoyar organizaciones o movimientos que uno estima importantes: en lo que me concierne, pensé al comité Apartheid en Londres. O bien uno declina el premio en nombre de los principios generales, y uno priva a ese movimiento de un apoyo que le haría falta. Pero creo que es un falso problema. Renuncio evidentemente a las 250.000 coronas porque no quiero ser institucionalizado ni al Este no al Oeste. Pero no se puede pedir tampoco que se renuncie por 250.000 coronas a los principios que no son únicamente los suyos, pero que comparten todos sus camaradas.
Quiero terminar esta declaración con un mensaje de simpatía para el público sueco.”

Jean-Paul Sartre, 22 de Octubre de 1964



24 de mayo de 2014

Con palabras


Alejandro Luque


Bien antes de la hora precisa decretada en la sentencia, se sienta al condenado en la silla que se encuentra encalvada en el piso de cemento de la sala de ejecución. El dispositivo es en general robusto y simple, con antebrazos resistentes, respaldo elevado y dimensiones estándares. Las versiones más modernas incluyen reservorios para recibir las incontinencias del condenado que puedan advenir previamente y sobre todo durante la ejecución. Algunas administraciones sugieren suministrar al preso un psicotrópico con el almuerzo o la cena final unas horas antes del evento.

Se ajustan con firmeza las gruesas correas de cuero para contener manos, brazos, tronco, cintura, muslos y piernas. Una correa de calibre más fino se utiliza para mantener pegada al respaldo de la silla la cabeza del reo, ya sea a nivel del cuello o de la barbilla. La capucha es opcional. El principio de electrodos es el mismo para todos: cabeza, pie, tierra. Cada uno asegura el traspaso de una descarga mortal desde la línea al cuerpo del reo. En número pueden ser dos o cinco. Opcionalmente pueden agregarse más electrodos para aumentar la eficacia del resultado final, como así también geles o pomadas conductores para transmitir mejor la descarga y, de paso, evitar el desagradable problema de despegar después las correas fundidas en la carne del cadáver; Hollywood ya filmó en cinemascope, 3D y HD la escena en todos los ángulos posibles. Sobre la cabeza, una placa metálica de forma y tamaño diferentes puede ser utilizada como elemento de alta conducción, también de forma opcional. La silla está emplazada en el medio de una habitación blindada y a prueba de balas. En opción, una ventana con “stores” o con vidrios en general opacos del lado de la silla pero transparentes para los espectadores. Pueden acompañar al condenado un cura bendiciendo, un pastor arengando, un imán reivindicando, pero siempre un vocero leyendo el protocolo de la sentencia, reloj visible con segundero impasible colgado en la pared, análogo o digital.

En las opciones más tradicionales, y muro de por medio, tres pequeñas habitaciones aisladas en réplica y con un teléfono o intercomunicador flanquean la pieza de la silla. Tres suboficiales asignados penetran uno a uno en cada habitáculo que obviamente posee un gran interruptor o conductor a palanca y una banqueta minimalista. Sólo una de las habitaciones está conectada con el circuito eléctrico y la silla. Esta logística, concebida para disminuir el peso moral del verdugo (quien vivirá el resto de su vida sabiendo que tuvo una posibilidad sobre tres de haberse convertido en un asesino legal) obviamente cuesta más dinero al contribuyente, por lo que ha sido modificada en varios estados a dos ejecutores o, incluso, a uno solo. Dicen que en algunas habitaciones del verdugo cuelgan placas con las iniciales HPB o HB, por Harold P. Brown, el inventor del dispositivo.

Para resumir, digamos que a la hora indicada el teléfono suena. Los agentes que esperan el “go” atienden y luego bajan al unísono y en gesto seco la dicha palanca a lo largo de una escala graduada que, en la última posición transmite la primera descarga máxima de voltaje –y sólo una de ellas que nunca se sabrá cuál– desde la línea eléctrica hasta la silla: 2 kilovatios a un flujo de 10 a 8 amperes durante al menos 60 segundos. El protocolo debe ajustarse al volumen y resistencia del condenado. La palanca se sube a la posición original por unos minutos, durante los cuales un médico verifica si los signos vitales del recluso han desaparecido. El golpe de gracia se lleva a cabo a continuación: la palanca se vuelve a bajar a un setenta por ciento de su escala durante un tiempo variable de una decena de segundos a minutos.

Cuando la corriente alcanza al individuo, ésta debe atravesar la piel para recorrer el cuerpo y todos sus órganos y terminar por descargarse en la tierra, lo que genera inmediatamente heridas de diferente profundidad al nivel de los electrodos. Desde el punto de vista estadístico, una gran mayoría de los condenados pierden conciencia casi inmediatamente a pesar de la agitación que se observa en el cuerpo durante el tiempo que dura la descarga. La muerte suele sobrevenir también casi inmediatamente a la aplicación del flujo eléctrico, o al menos eso se cree. Como varios condenados han sobrevivido a este primer intento de quitarles la vida, de forma sistemática una segunda descarga a menor voltaje es puesta en marcha a continuación: y en casos extremos de supervivencia, una tercera que puede sobrepasar los diez minutos. Desde la primera, el cuerpo del reo alcanza en segundos temperaturas de sesenta grados. Se supone, teniendo en cuenta los resultados de las autopsias, que en los primeros segundos de la descarga las neuronas literalmente se cuecen después de registrar para el cuerpo un dolor seguramente inconmensurable. Dolor que, como se aclaró más arriba, puede extenderse por varios minutos, según la resistencia del individuo.

Una vez declarada oficialmente la muerte clínica del condenado, el cuerpo es despegado de la silla y llevado a la morque de la prisión, mientras los familiares de las víctimas se retiran de la sala de observación de la ejecución con la seguridad de que la administración que han elegido les ha rendido justicia contra un acto abominable.       

31 de diciembre de 2012


No sé a quién le escribo, porque si algo sentí durante todo este usado y apocalíptico 2012 es que ya casi nadie lee, o sea que casi nadie escucha. Mejor dicho, se lee mucha inmediatez y no menos espontaneidad (aunque suelo dudar), se nada vehemente en el rigor de los 140 o pocos más caracteres –en la gran mayoría de los casos insuficientes, por lo tanto frecuentemente polémicos o finalmente intrascendentes por forzados– como si alguna autoridad incuestionable nos hubiese convencido en masa de que en la condensación obligada de microexpresarse se encontrara la "posta" y todo lo demás fuera macrosuperfluo, megainnecesario, hiperpasado de moda o, incluso, superobviable.

No sé a quién le escribo, pero me atrevo a apostar que alguien que leerá estas líneas ultranumerosas –y quizá hasta el final– apretará el iconito de “me gusta” o el de “+1”, según el medio en el que aparezcan. Porque es verdad que, con todo, hay posibilidad de retorno o “feedback” en esto de la inmediatez: nos han transformado la vida de relación en algo mucho más ameno y sencillo, más democrático y global, estratégicamente autodefinido en su contenido; con eso de “me gusta” estoy participando activamente, estoy manifestando mi interés y aprobación, mi adherencia sin limitaciones tanto al concepto ideológico como a la foto de vacaciones, mi total apoyo a la causa del cáncer como a mi amiga que tiene una descompostura y se está preparando “live” una taza de té a las 19:42 (hora local) , estoy poniendo mi firma en la cruzada por los animalitos abandonados, en el petitorio para que se subvencione el Borda o en la propaganda de alfajores o de un “delivery” de pizzas (de paso capaz que hasta me saco una de tres quesos según proponen) ; y si no pongo nada… bueno, será que me lo perdí entre tanta noticia o anuncios compartidos de mi listita de amigos, o que decididamente no me gusta o que no cabe el tema de gustarme o no, pero “de eso no se habla” ya que habría que hacerlo con palabras y conceptos y no existe en la interfase de la inmediatez la facilidad automática que los resuma. Y así establecemos vínculos en línea y en tiempo real con nuestros amigos virtuales (la mayoría) y reales (esa minoría no menos real). Me preguntarán si mi vida social y de relación siempre fue profunda y explayada, y respondería que, por supuesto, siempre-entre-comillas no.

No sé a quién le escribo, para quién estoy haciendo este esfuerzo gramatical, semántico, sintáctico y morfológico, esta elocución lógica que, como desde hace un tiempo, me deja de antemano un sabor ralo de placer culpable, masturbatorio; algo así de contradictorio como pensar simultáneamente que estoy gastando mi tiempo y el de los otros con la irrefrenable necesidad de hacerlo, de gastar ese tiempo acotado a un número de caracteres precisos y que en el mejor de los casos tendrá la respuesta de “a fulano le gustó” lo que pensás, aunque yo no pueda saber si le gusta cómo pienso, ni si él pensara distinto o tuviera algo que agregar. Es como estar ahogándome en un mar de comunicación todo terreno de talle estándar y en modo opción múltiple estricto.

Entonces, ¿para qué escribir, para quién? ¿Por qué no me sale eso de “lerurizar” la escritura, de resumir a ultranza frases y metáforas aunque se pierda el sentido, se eliminen la estética y la reflexión y el placer se me apague? Lo que me parece igual de válido para un músico: ¿a cuántos segundos tiene que reducir su track para que lo escuchen entero o qué pantomimas superficiales y cuántos culos rozagantes tiene que agregar al clip para llamar la atención de la melodía, los instrumentos, la poética; o para un artista plástico o un fotógrafo, ¿qué economía rigurosa de elementos, recursos y texturas debe usar en lo que necesita plasmar para que alguien se detenga más de lo estipulado y logre establecer un diálogo con sus conceptos? ¿Cómo competir con ese enemigo octopusiano de la inmediatez a ultranza, de la microcosa obligatoria, del minitiempo socialmente digitalizado en un rectangulito con apéndice de opinión disfrazado de libre albedrío en una única dirección posible?

No sé a quién le escribo, pero para quien quiera leer y se acuerde de cómo hacerlo, me gustaría decirle que me preocupa esta progresión hacia la chatura sinóptica inmediata. Me gustaría mostrarle cómo logra “desacercarnos” y llenarnos de dudas. Quisiera hablarle del verdadero valor del tiempo y de los destiempos, del ocio real y de la economía verdaderamente útil. Conversar de lo profundo de las cosas sin bufidos ni desprecios ni cuadraditos limitantes. Evaluar ideas y conceptos sin miedo a discernir, sin bloqueos con frases y gestos terminantes ni alzadas de tono intolerantes ni descalificaciones gratuitas e infundamentadas. Me gustaría decirle que lo que más me preocupa de esta inmediatez es que se ha vuelto la posibilidad única de comunicación, un elemento más de los avances tecnológicos que no estamos usando de la mejor manera. Que nos estamos volviendo pobres, muy pobres, rápida, inmediata, formateadamente pobres. Que no puede ser que nos guste, que no puede ser que seamos tan cómodos y sumisos con el “establishment”, que no puede ser.

No sé a quién le escribo… Aunque pensándolo bien, creo que supe desde el principio de este texto a quién le escribía. Me escribo a mí mismo, a ése que durante mucho tiempo llenaba a mano hojas de papel casi a escondidas sin siquiera pensar por un momento en mostrar aquellas frases tan rebuscadas como lo que habitaba en su interior. Me escribo a mí mismo para recordarme que no tengo excusas para no hacer lo que quiero, lo que necesito. Que mi tiempo es mío, y que deja de pertenecerme cuando intento convencerme de que puede compartirse. No está mal la inmediatez en sí misma, no está mal la posibilidad de hacer o no un click y que eso quiera decir “me gusta” o no lo vi/me importa un huevo. Quizá lo que esté realmente mal sea sentir ese ahogo del que hablé más arriba, ese malestar por cómo está y cómo veo lo que me rodea, cómo yo mismo soy parte de eso y no otra cosa.

En fin, escribo; como antes, como siempre. Como ahora escribo para alguien, para mí, como debe de ser. Quien quiera leer que lea, quien quiera que yo fuese ojalá no me termine ahogando en la inmediatez fútil para dejar un día de escribir y morirme por dentro, como cantaba el flaco.  

Al otro lado del charco (Mar del Plata), 31 de diciembre de 2012.

1 de mayo de 2012

1ro De Mayo, Día Internacional Del Trabajdor



Imagen de la revuelta del 4 de mayo de 1886 publicada por el entonces diario Harper’s Weekly

1ro. de Mayo, día internacional del trabajador
Alejandro Luque


En la segunda mitad del siglo 19, Estados Unidos venía de dar los primeros pasos en la carrera de la revolución industrial. Los desocupados del campo y mano obrera extranjera afluían a las grandes ciudades en verdaderos contingentes que terminaban hacinados en las villas de las periferias. La mayor parte de la población trabajaba en condiciones de insalubridad entre 12 y 14 horas diarias, muchos incluso 18 horas. Las mujeres y los niños ganaban menos de la mitad que los hombres y toda la masa obrera, fuertemente reprimida y desconsiderada, tenía salarios miserables. 

Las protestas iban in crescendo con la demanda principal de que se estableciera la jornada laboral de 8 horas (la equilibrada consigna de “8 horas de trabajo, 8 horas para dormir y 8 horas para la casa”). Frente a un ultimátum de huelga general propuesto por uno de los sindicatos de obreros, el entonces presidente Andrew Johnson promulgó una tímida ley que reducía el tiempo de trabajo a 8 horas pero que no fue adoptada por todos los estados. En Chicago, bastión de todos los excesos de explotación humana, importantes manifestaciones de protesta que incluían izquierdistas y derechistas comenzaron el 1 de mayo de 1886 y una masa importante de obreros se declaró en huelga. Hubo enfrentamientos entre los huelguistas y los rompehuelgas que mantenían la producción de varias fábricas en los que la policía reprimió a muerte. 

Pero fue el 4 de mayo, luego de una concentración oficial y pacífica llevada a cabo en el parque Haymarket, que la policía decidió desalojar del sitio a los manifestantes. Entonces alguien tiró un explosivo y la policía se desbocó abriendo fuego a mansalva sobre la muchedumbre. El número de víctimas mortales y heridos después de esta masacre nunca se conoció oficialmente. La represión inmediata posterior (estado de sitio, toque de queda, allanamientos, abusos y torturas) fue apoyada por la prensa, en general antianarquista y anticomunista. 

Unos meses después, en un proceso fuera de las normas jurídicas y en ausencia de pruebas, 8 manifestantes “libertarios” fueron declarados culpables de incitación a la violencia y de infringir el orden establecido, 2 a cadena perpetua, 1 a 15 años de trabajos forzados y los 5 restantes condenados a la horca. Los condenados eran activistas anarquistas, 5 de ellos alemanes, 1 inglés y 2 estadounidenses; 3 eran periodistas, 2 tipógrafos, 1 carpintero, 1 pastor y 1 vendedor. 

En 1889, durante el Congreso Socialista Obrero de la Segunda Internacional en París, se estableció el 1° de mayo como día de lucha reivindicativa del trabajador en homenaje a los Mártires de Chicago. Desde entonces el día es celebrado en muchos países, salvo en Estados Unidos, Reino Unido y Andorra.    

6 de agosto de 2009

Hiroshima Y Nagasaki

El hongo atómico sobre Nagasaki
Hiroshima y Nagasaki
AL
La mañana del 6 de agosto de 1945 estaba despejada. El cielo abierto por encima de Hiroshima dejaba prever ataques aéreos, por lo que una parte de la población ya había sido movilizada hacia el norte luego del ultimátum de Postdam (en la pluma y voz de Truman, que el imperio Nipón decidió ignorar). Una parte. Pero a Hiroshima también llegaban refugiados de otras regiones y el vital aprovisionamiento.

La estimación oficial del número de personas presentes aquella mañana en la ciudad y las islas del delta del Ota varía según las fuentes: de 150.000 a más de 250.000. Un B-29, el Enola Gay, largó el arma de destrucción masiva con corazón de uranio sobre el centro de la ciudad a las 8 y cuarto de la mañana. El aparato explotó a menos de 600 metros del suelo, justo por encima del hospital Shima. “Una enorme burbuja de gas incandescente de más de 400 metros de diámetro se formó en unos segundos, emitiendo una poderosa irradiación térmica.

Debajo del hipocentro, la temperatura de las superficies expuestas a esa radiación alcanzó valores cercanos a los 4000 °C. Hubo incendios que se iniciaron incluso a varios kilómetros del epicentro. Las personas expuestas a este rayo ignominioso se quemaron. Aquellas protegidas al interior o por los edificios fueron aniquiladas o heridas debido a las proyecciones que trajo la poderosa onda de choque unos segundos después. Vientos de 300 a 800 km/h devastaron las calles y las casas.

El largo calvario de los sobrevivientes recién comenzaba cuando el hongo atómico, que aspiraba el polvo y los escombros, todavía continuaba con su ascensión de varios kilómetros. “Un enorme incendio generalizado se dispersó rápidamente con picos extremos de temperatura en varios lugares. Si la explosión no tocó algunas zonas, éstas tuvieron que afrontar segundos después el diluvio de fuego causado por los movimientos intensos de las masas de aire perturbadas.

Al observar los efectos de la explosión el copiloto del Enola Gay, Bob Lewis, pronunció la famosa frase que quedó registrada en el archivo de vuelo: “¡Dios mío! ¿Qué hemos hecho? Aunque viviera cien años quedarán en mi espíritu por siempre estos pocos minutos”.

El número real de muertos aquella mañana nunca se conocerá. Las cifras cambian según quien las emite. Así se calcularon, en el momento, de 70.000 a 80.000 muertos por la explosión, la onda de choque y la tormenta de fuego, y un número equivalente de heridos. Pero análisis más recientes confirman cifras que duplican las anteriores.

Un segundo ultimátum fue emitido por los norteamericanos el 8 de agosto, que fue igualmente ignorado por Hiroito, especulando con la ayuda de las fuerzas rusas que nunca llegaría. A las 11 horas y 49 minutos de la mañana del 9 de agosto de 1945, otro B-29, el Bockscar, dejaba caer sobre Nagasaki, uno de los puertos más importantes al sur de Japón, la segunda arma de destrucción masiva con corazón de plutonio y un poder devastador superior a la anterior. 

La bomba atómica explotó a menos de 500 metros del suelo, y el hongo de la deflagración se elevó a una altura de 18 kilómetros. Una vez más, el número de víctimas es aún oficialmente incierto aunque las cifras del momento se evaluaron en 35.000 muertos y un número equivalente de heridos. Análisis más recientes calculan que los decesos en Nagasaki sobrepasaron la cifra de 60.000.

Entre los sobrevivientes a las dos explosiones se han identificado y registrado más de 300 tipos de cáncer, y más de doscientos de leucemia que, indudablemente, habrán aumentado el número final de muertos luego de los atraques.

Los ataques nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki son, hasta hoy, los únicos llevados a cabo con fines bélicos sobre poblaciones civiles.

Algunas fuentes: 
-Schull W. The somatic effects of exposure to atomic radiation: The Japanese experience, 1947–1997. PNAS, 1998. 95(10): 5437–5441.

20 de julio de 2009

Pseudo-ensayo Sobre La Triste Irrealidad Del Jeringoso Y El Síndrome De Plutón Asociado


Perfecta imágen encontrada en este lugar

Pseudo-ensayo sobre la triste irrealidad del jeringoso
y el síndrome de Plutón asociado

Apalepejanpadropo Lupuquepe

“¿Vospo hapabláspa elpe jeperinpigoposopo? ¿Sipi? ¡Gepenialpa!”

Resulta que he vivido convencido de que ese idioma que hablaba con mis amigos para que nadie entendiera nuestros secretos en el colectivo o en el recreo, no sólo no es un idioma sino que tampoco se llama “el jeringoso”. Según la monárquica academia ibérica, este ‘lenguaje especial de algunos gremios, de mal gusto, complicado y difícil de entender, usado coloquialmente también para denotar una acción extraña y ridícula, y localmente para señalar que alguien anda en rodeos o tergiversaciones maliciosas’, se denomina muy femeninamente “la jerigonza”.

De alguna manera tardía, es triste darse cuenta de que uno vivió la ignorancia cultural de ostentar el uso de una lengua no materna –bueno, en este caso un ‘lenguaje gremial y de mal gusto’–, mencionándola incorrectamente. Como creerse que uno posee un finísimo tono oxfordiano que resuena “very bright” al invitar a su mejor amigo con el “Do you like some tea, my dearest?” y escribir convencido en el CV que uno habla “fluently linglish”.

Así es que en mis verdes años me faltó, sin duda, algún colocutor integrista que, a la pregunta de más arriba “¿vospo hapabláspa elpe jeperinpigoposopo?”, me respondiera, “¿Quépe? Lapa jeperipigonpozapa, queperráspa depecirpi”, y con tan adusta sentencia aboliera futuros decenios de escarnio ajeno. Y no, no lo hubo, por lo que seguro que no faltó algún soporeptepe escuchando de refilón, y al haber descubierto el error en la dicción haya salido corriendo a dispersar la clásica ignominia “¡Dipijopo jeperinpigoposopo! ¡Dipijopo jeperinpigoposopo!

Reflexionando acerca de mi falla lingüística, intenté encontrar su génesis (todo error tiene un principio). ¿Por qué para mí era jeringozo la jerigonza? Y la respuesta me vino en una imagen ‘patente, patente’, como diría la Chona. Si uno se fija en la sintaxis de este ‘lenguaje de mal gusto’, rápidamente entiende que se trata de dividir las palabras en fonemas silábicos a los que se le agrega a continuación una “p” más la vocal fuerte antes contenida. ¿Sepe enpetienpedepe? En realidad, no es ni más ni menos que la “inyección” de nuevos fonemas a la serie original. Y quien dice inyección piensa en las temibles “jeringas”, lo que me ha llevado a imaginar, seguramente, que como existe una forma de hablar “gangoso”, el hecho de inyectar fonemas que comiencen con “p” en las palabras es un arte jeringoso o, dicho de otra manera, es el uso del idioma jeringoso ¿Mepe Sipiguenpe?

La explicación a mí me tranquiliza, aunque descuento que la corona ibérica me dará cero crédito. Pero sentirme un inculto súbdito a la altura de mis abriles no me piace. Por lo que me puse a buscar de dónde sacaron los monarcas de la lengua la raíz de la jerigonza, algo así como intentar una epistemología casera o apócrifa. Y encontré una pista consultando al príncipe bobo de la monárquica, también llamado en la intimidad el Depedé, por eso de Diccionario panhispánico de Dudas. Parece ser que se asimila este ‘lenguaje complicado’ a la ‘jerga’ (vocabulario técnico o de oficios), cuya raíz proviene del francés “jargon”, y ésta a su vez del provenzal “gergons”. De ahí también que se pueda leer de vez en cuando (aunque ‘no se recomienda en la lengua culta’) “gerigonza", o escuchar en el seno de ciertos calderos populares el también incorrectísimo “jeringonza”. Tocado.

He aquí la confesión de mi incultura revelada desde los pliegos reales que resultan indiscutibles. Pero yo me pregunto, ¿con qué derecho los monarcas de nuestra lengua nos quitan este verdadero idioma que tiene reglas estrictas (cuidado con pluralizar los fonemas “p”, salvo que se quiera marcar la diferencia, y dividir diptongos indivisibles) y hasta dialectos, varios nada más que en la misma Argentina (el rosaringasino, el cordobái’) ? Me siento igual que cuando me quitaron a Plutón como el noveno planeta del sistema solar y nos enchufaron un plutoide (un pluputoipidepe) un tanto perdido en el espacio, y la mar en coche: yo me quedé inocultablemente desequilibrado con mi bagaje cultural portado durante decenios (sin mencionar los estragos que la abolición de Plutón habrá hecho en las predicciones astrológicas y la vida de quienes se sienten afectados por los planetas). Y como de costumbre, nadie dijo nada (ni un sólo cacerolazo en este planeta que nos permiten habitar) por que nos devuelvan a Plutón. Por lo que hoy tenemos, y por decreto, ocho planetas y un montón de piedritas más o menos grandes dando vueltas por ahí, que ni quiero imaginar lo que producirá en los ascendentes de la nueva generación. Con lo de la jerigonza, ‘este lenguaje especial’ reducido a algo que esconde ‘tergiversaciones maliciosas’, yo me siento igual, si no peor.

Y si se trata de declarar la guerra a la monarquía, yo pongo mi grano de arena y cuento con las huestes de Amazonas siempre dispuestas (las huestes y ellas mismas) a combatir el detalle injusto. No, yo no me voy a ir a dormir herido sin haber lanzado mi estocada. El reino del castellano mantiene vicios machistas inocultables, y suele otorgar el género femenino a conceptos que considera menores. Como la jerigonza ha sido definida como el lenguaje de un grupo ‘gremial’ (Moyano viene entonces a ser en una especie de Delfín), entonces es menor que el lenguaje alemán que se practica en pleno desenfreno de la Octoberfest, o el inglés susurrado en medio de la bruma londinense, o el árabe que se grita de una orilla a la otra del famoso canal Suez. O sea que el modo de comunicación ‘difícil de comprender’ tendrá género femenino: la jerigonza. Al igual que la jerga, (por más que venga del “jargon” francés, que es masculino): como es algo menor a un idioma, la corona bregará por su feminidad. Pienso en el nivel superior que denota EL habla en nuestras cabezas como matriz de LA comunicación que resulta; EL verbo sobre de LA palabra, EL párrafo encima de LA oración. Yo que me jacto de los ismos, me encuentro inculto y rebanado de mi masculino jeringoso. ¡Habrase visto!

Pero nunca es tarde cuando la dicha es buena, o algo así. Hoy he tenido la oportunidad de desasnarme y de evitar, en los años que me queden de vida, incurrir en el mismo error jeringuístico, pero todo tiene un límite. Por eso, compañeras: ¡cuento con ustedes! Y también con los muchachos que sienten el mismo síndrome de Plutón. Mientras tanto dejaré de hablar la jerigonza porpo laspa dupudaspa.

Archívese, divúlguese y déjese estar.

1 de julio de 2006

Urbi Et Orbi



Sacre Coeur, Paris, foto del Biologuero


Urbi et Orbi
Alejandro Luque

Es en esta época del año, La Pascua de Resurrección, y a fines de diciembre, por la Navidad, que esta latinísima expresión nos salta en la primera plana de todos los medios. Estrictamente hablando, quiere decir “a los romanos y al resto del planeta”. Teniendo en cuenta la datación del carbono catorce de esta frase, vale decir que el resto del planeta en aquellas épocas era un vecindario más que nada circunscrito a los dominios abarcables de la roma papal de los últimos siglos. Hoy la frase tiene otra connotación, quizá más global (a la imagen y semejanza del google earth) y que se podría traducir como “a los presentes y a los que nos ven por la televisión, nos escuchan por radio y nos leen en la prensa”.

Como sea, es el momento del año en el que la cristiandad recibe, sin pagar el diezmo, la bendición papal. Algunos católicos apostólicos románicos (perdón… romanos) aseguran que si uno está en la Piazza San Marco, la bendición “llega más profundamente”.

La bendición del Papa, como todo personaje mediático y político que maneja opiniones y es capaz de dirigir guerras, no es para menospreciar ni para pretenderlo como un discurso telúrico o folclórico más. Su Santísima Figura rocía a los presentes y al resto del mundo de agua bendita y de un mensaje que refuerza el dogma de su reino, el reino del Dios de los católicos. Y en ese mensaje se puede leer, como una gitana recorriendo las marcas de nuestra palma, dónde está occidente y hacia donde va. Porque no olvidemos que el occidente cretino (perdón… cristiano) es el nuestro. Seamos fervientes creyentes, fervientes agnósticos, fervientes evangelistas u ortodoxos, o fríos indiferentes. La institución de la iglesia, como los gobiernos y su peluca política, infiere profundamente en nuestras vidas.

Hace un rato, Su Santidad Benedicto XVI utilizó varias veces la palabra “honroso u honra” para definir las salidas de nuestros problemas mundiales. Que Irak salga honrosa de esta situación evidentemente poco honorable, que se logre una salida honrosa frente a los ‘problemitas’ nucleares que nos afectan. Volvió a esa posición que nunca resolvió nada sobre Palestina e Israel. No tiren más bombas y que se reconozca ese ‘controvertido’ estado. También posó sus ojos celestes en las realidades de injusticia e inestabilidad política de la América latina y de las problemáticas, más que insoportables, de África.

Nada nuevo bajo el sol. Urbi et orbi. A quien quiera escuchar aquí y allá. No podemos criticar la política de los Estados Unidos de América en Irak. No podemos enfrentar el poder económico de Israel y decirles que no tienen razón de ocupar de esa manera ese territorio. No podemos confiar en la arquitectura política de Irán y su desarrollo nuclear, por tanto no podemos apoyarlos (y automáticamente apoyamos la arquitectura política de USA que tiene su poder nuclear listo para ser utilizado). Los problemas en Africa son todos políticos. No hablemos de S.I.D.A., ni de la cultura de los preservativos, ni de la humanidad económica que podría sofocar a ese continente de una plaga occidentalmente injusta.

Urbi et orbi. No hablemos de la explotación a los límites de la esclavitud que ya llega, de la mano de las derechas, incluso al primer mundo. No hablemos de la asfixia que sufre el planeta para que una fracción circule por impecables autorrutas en magníficos coches. No hablemos del problema del petróleo que se nos acaba, como el agua que ya comienza a dar signos de agonía. No hablemos del colonialismo en pleno siglo XXI ni de los crónicos chicos que se mueren de hambre allí donde el primer mundo católico, apostólico y románico (perdón… romano) se instala para obtener más creyentes y mejores beneficios.

Urbi et orbi. La Pascua de Resurrección es el festejo de la esperanza. Es el momento en el que la cristiandad, en luto por la muerte terrible de su pastor, bate los colores de sus almas, porque el hijo de Dios les mostró que él podía volver contra todas las vicisitudes.

La esperanza de un mundo razonable y humanamente mejor latiendo en nuestros corazones de seres responsables. "Honrar la vida" como supo escribir magistralmente esa pérdida irreparable de Eladia Blázquez.

Todo lo demás, me parece un circo urbi et orbi.

Con todo el respeto a la creencia de cada un@, me permito emitir esta opinión de Pascua.

Responsable Pascua de Resurrección a tod@s y cada un@.

10 de noviembre de 2005

Fuego



Fuego
Alejandro Luque

U
na Francia que se quema desde hace trece noches. Un fuego que no sólo quema sino que ilumina una triste realidad político-social que no es nueva. El estado vociferando y amalgamando grosera y soberbiamente puede convertirse en la primera chispa. Jóvenes destinados a no conseguir una plaza laboral por su etnia o por su dirección personal, allí donde el estado facilita a las grandes empresas su instalación y les reduce sus impuestos. Comunidades que se “enghettizan” por la discriminación y la falta de recursos educacionales y de inserción adaptados. Reducir sí o sí el budget del estado eliminando la policía de proximidad de los barrios calientes y muchas ayudas sociales concretas a las clases menos privilegiadas tiene un cierto precio. Una política de empleo agresiva y desmedidamente discriminatoria no es tampoco gratuita.

En el país de la libertad, la igualdad y la fraternidad el fuego revela que esos principios están en vía de extinción como resultado de las continuas regresiones sociales de las que se alimentan las políticas cada vez más neo-liberales. La sociedad francesa que vio en 10 años cristalizarse una política de seguridad dirigida esencialmente a los que más tienen, hoy está tan confundida que no logra comprender si el fuego quema o purifica. ¿No será que hay dos sociedades bien distintas manejando dos significados diferentes de la palabra fuego? Un fuego imperdonable que, hay que decirlo, va también de la mano de los bribones y los oportunistas; porque a río revuelto…

Ante anoche el fuego batió nuevos records: más de 270 comunas en llamas, más de 1400 coches reducidos a cenizas, más de 400 detenidos y el primer muerto. Pero el fuego caprichoso se atacó también a escuelas, a templos, a centros de empleo, a gimnasios, destacamentos policiales y municipalidades. Y cada vez hay menos buses.

Los llamados a la calma de Chirac y de los líderes religiosos y sociales de las Cités no parecen funcionar como un buen matafuego. El primer ministro reflotó los humillantes decretos del toque de queda que datan de la guerra con Argelia. Así que a partir de las diez todos a la camita y sin chistar. No hubo nuevos records esta noche. Y este hombre tiene pinta de todo menos de bombero eficaz.

Pero no hay que olvidar que el fuego posee esa otra extraña capacidad: no respeta fronteras. La antorcha de la discordia francesa ya flamea por los suburbios belgas, alemanes y portugueses. ¿Cuánto tiempo más resistirán los Pirineos y los Alpes? ¿Cómo hará el fuego para cruzar el Canal de la Mancha? Por lo demás, el hexágono se hunde en un mar de cenizas injustificables desde donde se lee la pregunta: ¿sabrán interpretar TODOS los responsables dónde está la raíz, el foco primario de este fuego para extinguirlo definitivamente antes de que sea ya muy tarde?

Cualquier similitud con otra realidad...