En estos días, en estos años, en este tiempo en el que nuestras urgencias individuales nos provocan esa presbicia social y cultural que no tiene solución en ninguna óptica de barrio o centro comercial, yo propongo salir a la calle a gritar, a hacer huelgas y pedir que las seguridades sociales nos cubran los lentes de la empatía. En esta época en la que cada franja tribal vitupera la que percibe en frente, al costado, arriba o abajo, yo pido porque los poderes legislativos, ocultos o no, nos marquen el camino legal hacia la empatía. Ahora que todo es inmediato, noticias, opiniones, juicios, irrelevancias y menosprecio, ahora que las distancias parecen haber desparecido y todas las personas nos creemos ver, entender, experimentar, comprender, sentir todo y a todos a través de las redes y sus inmediateces, yo pido por que nos envíen el enlace interactivo y permanente de la empatía. Hoy que la educación se nos cae a pedazos por opiniones, posturas, políticas, intereses y ausencia total de visión de futuro de todas las partes, yo reclamo que el primer día de cualquier clase les expliquemos y declinemos en todas sus formas a nuestro futuro qué quiere decir empatía, que lo escriban cien veces, mil veces, recorten y peguen, pero que entiendan al menos una vez su significado. En este momento en el que mueren pibes de hambre, de guerra, de odio, de abandono, de desvida; en este preciso momento en el que seguro hay alguien a menos de cien metros de nosotros que está solo, desamparado, al borde del abismo, necesitando una mano, enfermo, devastado, a punto de desvivirse, yo exijo que los candidatos que nos gobiernan y los que están haciendo campaña para hacerlo, nos digan claramente cómo van a implementar la empatía en el pueblo, en sus votantes, en sus ciudadanos; que lo digan sin peros ni timidez; que lo griten, que lo enarbolen como bandera. Ya quiero que los poderes judiciales penalicen la delincuencia de los apáticos con penas de empatía forzada; que se propongan ministerios de empatía durable y que se defina una cartera para establecer y mantener líneas verdes que reciban los reclamos de empatía. Que nadie en este mundo se vea privado de empatía. Que nadie nunca pueda decir que una persona no haya sabido ponerse en su lugar. Que el dolor nunca más sea un sentimiento ignorado. Que la invalidez, la enfermedad y el desamparo no vuelvan a ser un camino en soledad para quienes no quieran estar solos. Que la diferencia jamás sea la excusa para segregar. Y en este instante que ya se acaba exijo al individuo humano el compromiso de su propia humanidad: humanidad sin la que no seremos otra cosa que esto que estamos siendo, sufriendo, aceptando, destruyendo, ignorando por ausencia de empatía.
31 de marzo de 2017
24 de marzo de 2017
Límite Exterior de la Plataforma Continental Argentina

El 22 de Marzo de 2017, la Comisión del Límite Exterior de la Plataforma Continental, dependiente de la Covención sobre los Derechos del Mar de la ONU, aprobó la zona pendiente de resolución (en rojo en el mapa) de 1633 km2, con lo que se concluye el reconocimiento del espacio marítimo-oceánico de la República Argentina que se extiende más allá de las 200 millas marinas desde la costa, y suma al territorio nacional 1.700.000 km2 de soberanía y juridicción para la explotación y conservación de recursos, como así también para fundamentar con argumentos aún más sólidos las demandas por litigios en Malvinas e islas del Atlántico Sur, sobre los que la Comisión no se expide. El proyecto fue presentado en 2009 durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner y fue aprobado con dos reservas (zona roja) en Marzo de 2016 durante la gestión de Mauricio Macri quien continuó la línea diplomática de su predecesora para que la comisión concluyera con la total aceptación del proyecto el 22 de Marzo de 2017.
(Fuentes: Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Información para la prensa 088/17,
Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental
3 de febrero de 2017
Sobrevivientes, novela de Fernando Monacelli
Un poco tarde, leída la novela Sobrevivientes de Fernando Monacelli, premio Clarín Novela 2012. El libro ofrece al final una factura respetable aunque me dejara un gusto dulzón innecesario y no el que hubiese querido sentir luego de haber recorrido los meandros bien sinuosos que atraviesan los peculiares personajes de esta pieza construida en bloques y flashbacks. A pesar de una prosa pulida, sobria y certera, la lectura al comienzo no es fácil. El autor ha decidido eliminar al narrador omnipresente y definir cada personaje y sus situaciones en el tiempo con recursos literarios y gráficos distintivos: monólogos, diálogos, relato en primera o tercera persona, cartas, etc. Una vez que se entiende la mecánica del lenguaje y sus señas, surge ese interesante conjunto de historias intrincadas y escabrosas que se inician con el pedido que hace una vieja mujer a una periodista de buscar a su nieto, hijo de su hijo conscripto muerto luego del hundimiento del General Belgrano durante la guerra de Malvinas. Es a través de la investigación que la protagonista lleva a cabo sobre la historia de esta abuela, que los personajes comienzan a aparecer en una pampa desolada, arbitraria y en pleno olvido en la que el rigor y la desidia de la posguerra embaten las vidas de los combatientes sobrevivientes y sus entornos familiares. No hay juicio de la guerra en sí, sino una serie de instantáneas que muestran una sociedad incapaz de hacerse cargo de ella después y de una estructura política salpicada de ciertos personajes oportunistas y mezquinos que recuerdan el horror de la expropiación de los hijos de desaparecidos durante la dictadura militar. Quizá el valor más importante de la novela sea justamente la denuncia implícita de esa parte de la sociedad irresponsable, engendro enfermo de descompromiso y desmemoria que surgió en –o se continuó a partir de– 1982 y del que aún hoy se escuchan sus latidos. Creo que es una novela recomendable para quienes no se sientan perturbados por la no linealidad del relato y la desestructuración de la acción, de hecho es un buen desafío literario. Con un fondo innegablemente policial, seguramente tambéin la disfrutarán aquellos sedientos de las historias apócrifas que yacen escondidas detrás de la posverdad de la derrota y nuestros héroes. AL
Sobrevivientes
Fernando Monacelli
Narrativa argentina, novela
Editorial Alfaguara (Clarín)
2012
Fernando Monacelli
Narrativa argentina, novela
Editorial Alfaguara (Clarín)
2012
10 de diciembre de 2016
14 de noviembre de 2016
Democracias poco demo que hacen gracia
Anoche me encontré en un bar con un norteamericano
de Washington radicado en París. Entre cervezas y mucha frustración mutua por
diferentes razones, intercambiamos instan-táneas de este mundo de locos en el
que él y yo vivimos, pero, y por sobre todo, yo logré entender lo
incomprensible del sistema electoral de los EEUU. Cabe aclarar que Keith, así
se presentó, tiene mi edad (la cincuentena), es profesional en medios de
comunicación y vive en París desde 2009, el año siguiente a la explosión de la
crisis de las “subprimes”, crisis sobretodo generada por los grandes especuladores
bursátiles de su gran país.
Keith votó a Hillary Clinton básicamente porque se dice demócrata y para hacer frente a Donald Trump pero muy poco convencido por la honestidad de
la que podría haber sido la primera mujer al mando de esa bolsa de gatos que es
USA. Básicamente Keith me dijo lo que todos sabíamos: que HC ha participado en
obscuras relaciones “carnales” con el lobby bancario/empresarial que puso de
rodillas a millones de ciudadanos norteamericanos (y del mundo) en 2008; que
más de una vez fue agarrada in fraganti diciendo, contradiciéndose, que hay que
hacer lo que ella misma no hace: la promoción de la escolaridad pública versus
la privada –su hija va, obvio, a la privada–; su mudable (o)posición contra el
casamiento de gays; su cambio de ideas desde la anti-inmigración hasta a
adherir al programa integrativo de Obama; sus ataques a Wall Street cuando su riquísima
fundación vive de ellos; su camaleonismo con el (delicadísimo) tema de
seguridad de salud; y varias otras perlas que, en lo personal, siempre me
parecieron las de un candidato dispuesto a todo, sobre todo a mentir. Pero
frente a ella estaba el Trump patéticamente misógino, climatoescéptico, el de los muros con
México, el de la superioridad blanca, antiabortista y mata-putos, el de las
deportaciones masivas que nunca pagó debidamente sus impuestos. Así, Keith voto
contra Trump por Clinton.
Numéricamente hablando, o sea por cantidad
de votos, ganó HC; sin embargo el presidente del país de Keith es Trump, por
amplia mayoría electoral. Al preguntarle sobre esta contradictoria curiosidad,
Keith me respondió: “En mi país no es el ciudadano el que tiene el poder del
voto, sino los colegios electorales federales que no representan exactamente el
número de habitantes sino su cualidad. De esta manera, un votante de una zona
rural como el Wyoming tiene más de tres veces de peso que uno de Washington.
Digamos que por 10000 habitantes de Washington hay 1 elector; por el mismo
número en el Wyoming, hay tres o más. Es el número de votos de los colegios
electorales, y no los de sus votantes, el que define en última instancia los
resultados de las elecciones. Los colegios de electores de esos estados rurales
son históricamente republicanos, mayoritariamente blancos, salvo un par de
excepciones que fluctúan entre los dos polos. Mi voto por HC fue uno de los
200.000 [*] que sobrepasaron los que fueron atribuidos por los votantes norteamericanos
a DT, y sin embargo el peso de voto de los colegios electorales puso a este
populista desvergonzado al mando de la Casa Blanca. ‘En USA son las clases las
que eligen a su líder, nunca el pueblo [sic]’.”
Hablamos de otras cosas y a la tercera
cerveza nos despedimos con Keith que se fue a destilar su desilusión en una catrera cerca de Batignolles. Yo, mientras caminaba por Brochant yendo a casa, me resumí el tema así: “O sea que la primera democracia del mundo nos está
diciendo que hay calidades de votantes, que no son del todo ellos los que
eligen a su presidente y que ciertos votos tienen más valor que otros. Es
increíble, pero para ese más del 50% que votó por Hillary en las
controvertidas elecciones presidenciales de 2016, hoy, en el país de la
libertad, está a la cabeza un tipo al que votó menos del 50% de votantes, tipo que es bastante desagradable, impresentable en su
discurso, machista manifiesto, intolerante y oportunista… y, a mi modo de ver,
peligroso. Como para Keith, Hillary no hubiese sido santo de mi devoción pero, de
haberla votado, hoy yo estaría sintiendo el mismo rigor de fraude electoral con el que Keith vive desde este último martes.”
[*] La cifra de 200.000 votos populares a favor de HC fue el resultado previsional que dio a conocer Associated Press al día siguiente del escrutinio. Al día de hoy, 15 de noviembre, y siempre de forma previsional, la agencia anunció una diferencia en aumento de 780.000 a favor de la demócrata. Y es que todavía falta escrutar poco más de tres millones de votos que fueron emitidos por correspondencia para obtener el resultado definitivo de la elección presidencial norteamericana.
[*] La cifra de 200.000 votos populares a favor de HC fue el resultado previsional que dio a conocer Associated Press al día siguiente del escrutinio. Al día de hoy, 15 de noviembre, y siempre de forma previsional, la agencia anunció una diferencia en aumento de 780.000 a favor de la demócrata. Y es que todavía falta escrutar poco más de tres millones de votos que fueron emitidos por correspondencia para obtener el resultado definitivo de la elección presidencial norteamericana.
29 de octubre de 2016
Octubre de 1964: Jean-Paul Sartre Rechaza el premio Nobel de literatura
Por estos días, pero en 1964, Jean-Paul Sartre (1905-1980) enviaba una segunda carta a la Academia Sueca del Nobel explicando su indefectible negativa a aceptar el prestigioso premio literario que le fuera otorgado “por su obra abundante de ideas que, gracias al espíritu y la búsqueda de la verdad, ha ejercido una amplia influencia en nuestra época.” La primera, que Sartre envió unas semanas antes pidiendo que se lo eliminara de la lista de candidatos, no fue leída, aunque tampoco hubiese servido de nada ya que el premio había sido asignado meses atrás y los académicos difícilmente (si no jamás) desdicen sus decisiones. Más abajo traduzco la segunda carta, entonces, que Sartre envió a las editoriales de varios medios porque leer a Sartre es siempre un placer que hoy tengo ganas de compartir, porque en lo que a mí concierne este fue un ejemplo de compromiso político sobre el que vale la pena reflexionar, y porque es esta época también la de otro premio Nobel de literatura un tanto polémico, luego de dos semanas de un silencio interpretado de mil maneras y que Bob Dylan acaba de romper para anunciar asombrado su aceptación. Cabe agregar que la designación de Sartre al premio Nobel de literatura fue también muy polémica y extremadamente politizada, no menos que el rechazo mismo del premio por parte del escritor y pensador francés que ya había declinado varios otros honores institucionales.
“Lamento enormemente que el asunto haya tomado la apariencia del escándalo: un premio ha sido otorgado y yo lo rechazo. Esto ha ocurrido así debido a que no he sido informado con antelación de lo que se preparaba. Cuando leí en el ‘Figaro Littéraire’ del 15 de octubre, de la pluma del corresponsal sueco del diario, que la Academia sueca se inclinaba por mí, aunque no estaba todavía decidido, pensé que escribiendo una carta a la Academia, que envié al día siguiente, podría dejar las cosas en claro y que no se hablaría más. Ignoraba entonces que el premio Nobel es concedido sin que se le pida su opinión al interesado, y pensé que era tiempo de evitarlo. Pero entiendo que la Academia sueca que ha hecho una elección no pueda ya desdecirse.
Las razones por las que renuncio al premio no tienen que ver ni con la Academia ni con el premio Nobel en sí, como lo expliqué en mi carta a la Academia. En ella invoqué dos tipos de razones: personales y objetivas.
Las razones personales son las siguientes: mi rechazo no es un acto improvisado, siempre he declinado las distinciones oficiales. Cuando, después de la guerra, en 1945 me propusieron la Legión de Honor, la rechacé aunque tuviera amigos en el gobierno. Igualmente, nunca quise entre en el Collège de France, como me lo han sugerido algunos de mis amigos.
Esta actitud está basada en mi concepción del trabajo del escritor. Un escritor que toma posiciones políticas, sociales o literarias no debe actuar sino con los medios que le son propios, es decir la palabra escrita. Todas las distinciones que pueda recibir exponen a sus lectores a una presión que no me parece apropiada. No es lo mismo si firmo Jean-Paul Sartre, que si firmo Jean-Paul Sartre, premio Nobel.
El escritor que acepte una distinción de este tipo se compromete también con la asociación o la institución que lo ha honrado: mis simpatías por ‘organizaciones clandestinas’ venezolanas no comprometen a nadie sino a mí, mientras que si el premio Nobel Jean-Paul Sartre toma partido por la resistencia en Venezuela, acarrea consigo todo el premio como institución.
El escritor debe entonces rechazar dejarse transformar en institución, incluso si esto ocurre de las formas más honorables, como es este el caso.
Esta actitud es de toda evidencia absolutamente mía y no significa una crítica contra quienes han sido ya coronados. Estimo y admiro mucho a varios laureados que tengo el honor de conocer.
Mis razones objetivas son las siguientes:
El único combate posible en la actualidad en el frente de la cultura es el de la coexistencia pacífica entre las dos culturas, la del Este y la del Oeste. No quiero decir que se deban abrazar, sé bien que la confrontación entre esas dos culturas necesariamente debe tomar la forma de un conflicto, pero esta confrontación debe tener lugar entre los hombres y entre las culturas, sin la intervención de las instituciones.
En lo personal, percibo profundamente la contradicción entre las dos culturas: estoy hecho de contradicciones. Mis simpatías apuntan innegablemente al socialismo y a lo que se denomina el bloque del Este, pero nací y fui criado en una familia burguesa y una cultura burguesa. Esto me permite colaborar con todos los que quieren que las dos culturas se acerquen. No obstante, espero por supuesto que ‘gane el mejor’. O sea el socialismo.
Es por eso que no puedo aceptar ninguna distinción distribuida por las altas instancias culturales, tanto del Este como del Oeste, aunque comprendo más que bien su existencia. A pesar de que todas mis simpatías estén del lado socialista, sería igualmente incapaz de aceptar, por ejemplo, el premio Lenín si alguien quisiera otorgármelo, que no es el caso.
Sé bien que el premio Nobel en sí mismo no es un premio literario del bloque del Oeste, pero es lo que se hace de él, y pueden acontecer eventos que no fueran decididos por los miembros de la Academia sueca.
Es por eso que, en la situación actual, el premio Nobel se presenta objetivamente como una distinción reservada a los escritores del Oeste o a los rebeldes del Esto. No se ha coronado, por ejemplo, a Neruda, que es uno de los más grandes poetas suramericanos. Nunca se ha hablado seriamente de Louis Aragon, que sin embargo bien lo merece. Es lamentable que se la haya dado el premio a Pasternak antes de dárselo a Cholokov, y que la única obra soviética coronada haya sido una obra editada en el extranjero y prohibida en su país. Se podría haber establecido un equilibrio a través de un gesto similar en el otro sentido. Durante la guerra de Algeria, cuando habíamos firmado la ‘declaración de los 121”, hubiera aceptado el premio con reconocimiento, porque no se me habría coronado sólo a mí, sino también la libertad por la que luchábamos. Pero eso no ocurrió y es sólo después de que el combate terminara que se me otorga el premio.
En la motivación de la Academia sueca se habla de libertad: es una palabra que invita a muchas interpretaciones. Al Oeste, se comprende una libertad general: en lo que a mí respecta, entiendo una más concreta que consiste en el derecho de tener más que un par de zapatos y de comer a saciedad. Me parece menos peligroso declinar el premio que aceptarlo. Si lo acepto, me presto a lo que llamaría ‘una recuperación objetiva”. Leí en el artículo del Figaro Littéraire que ‘no me juzgarán por un pasado político controvertido’. Sé que este artículo no manifiesta la opinión de la Academia, pero muestra claramente en qué sentido se interpretaría mi aceptación en los medios de derecha. Considero ese ‘pasado político controvertido’ siempre válido, auqnue esyé dispuesto a reconocer ciertos errores cometidos en medio de mis camaradas.
No quiero decir con esto que el premio Noble sea un premio ‘burgués’, pero he aquí la interpretación burguesa que darían inevitablemente los medios que conozco bien.
Finalmente, vuelvo sobre el tema del dinero: es algo muy pesado que la Academa pone sobre las espaldas del laureado acompañando el homenaje con un monto enorme, y este problema me ha atormentado. O bien uno acepta el premio y con el monto recibido se puede apoyar organizaciones o movimientos que uno estima importantes: en lo que me concierne, pensé al comité Apartheid en Londres. O bien uno declina el premio en nombre de los principios generales, y uno priva a ese movimiento de un apoyo que le haría falta. Pero creo que es un falso problema. Renuncio evidentemente a las 250.000 coronas porque no quiero ser institucionalizado ni al Este no al Oeste. Pero no se puede pedir tampoco que se renuncie por 250.000 coronas a los principios que no son únicamente los suyos, pero que comparten todos sus camaradas.
Quiero terminar esta declaración con un mensaje de simpatía para el público sueco.”
Jean-Paul Sartre, 22 de Octubre de 1964
23 de junio de 2016
Brexit-or-not
Quelques réflexions très personnelles sur le Brexit-or-not. Je suis allé à Londres 2 fois : une première de passage et une deuxième pour un entretien de boulot. Bien que distants et de nature différente, dans les deux visites je ne me suis pas senti en Europe. En commençant par la monnaie, suivant par la circulation, et finalement par la bouffe ; bah oui, on dira tout ce que vous voulez des bontés culinaires anglaises, mais la bouffe du royaume n’est pas au top du tout. Anglais et anglaises sont dans ce moment en train de décider s’ils veulent ou pas rester dans l’Union Européenne. Tous les sondages font état d’un fifty-fifty. Selon la source « stay » or « out » on anticipe 2 ou 3 pour cent à faveur du demandant de l’enquête. Donc on verra ce soir, demain et les jours à venir toute une procession de personnages publics d’un côté et d’autre de la controversée flaque que nous sépare se lamenter ou se féliciter de la décision, quoi qu’elle en fût. J’aimerais bien qu’on nous propose aux européen-nes un référendum pour décider si l’on veut que l’UK reste dans l’union. Je voterais pour le « out ». Bien que potence économique indiscutable et une mer de séparation actuelle, ne soit-telle que géologique, depuis le début, avec toutes les exceptions particulières demandées par le royaume (et accordées !) qui nous ont coûté (et ils nous coûtent à l’heure actuelle) de l’argent du contribuable pour les maintenir comme membre en état spéciale, je crois que il ne faut pas insister. On est in ou on est out. Je crois que une grande partie d’anglais-es n’ont jamais étaient in, même s’ils ont très bien profité de leur propre ambiguïté dès le début. L’union Européenne va mal, oui. Mais elle pourrait aller mieux sans tant d’exceptions et tant de mécontentement et rejet de ses principes (perfectibles) par ses parts. Il y a beaucoup encore à faire, nul doute, mais aussi il faut renforcer notre identité d’européen-e-s pour ceux qui le sentent vraiment et voudraient y participer. Au risque même de l’affaiblir ou l'annuler à force de consultations populaires, dont la France n’est pas excepté, de tous ce composants qui ne font point à l’esprit de l'union. C'est notre Union, tout de même. A nous aussi d'y réfléchir. Je suis donc pour le brexit, et point final.
14 de junio de 2016
2 de junio de 2016
1 de mayo de 2016
Muguet de Mai
El muguet o lirio de los valles, o para los amantes de la taxonomía Convallaria majalis, es el símbolo urbano del 1ro de mayo en Francia. Ese día, que es el del trabajo en casi todo el mundo, ocurre algo muy especial en las calles galas: se tolera que particulares vendan sus ramitas de muguet a otros particulares eximiéndolos a ambos de impuestos. Hay mucha historia detrás de este folklore, que según algunos habría visto sus comienzos en la realeza de mediados del siglo 16, pero lo cierto es que oficialmente se instauró en todo el país en 1936 gracias al gobierno del Front populaire (Frente popular, agrupamiento de partidos de izquierda diversa que ganó en esa época las elecciones), año en que se instituyó el concepto de las vacaciones pagas en la ley de trabajo francesa. El requisito, que hoy por hoy se respeta poco, es que el ramo de muguet que se venda debe haber sido recoltado por el vendedor, dándose a entender que la reventa no está permitida. Las ramitas con sus flores blancas tienen un perfume intenso muy particular con un efecto relajante de frescura indiscutible. La planta florece en estas latitudes entre fines de abril y mediados de mayo en lugares abrigados y muy húmedos. Este símbolo, que muchas veces se ofrece con los mejores deseos de prosperidad y que rinde homenaje a una de las adquisiciones sociales más importantes del siglo pasado, también nos recuerda lo efímero que todo puede ser: las florcitas blancas se secan en pocos días, al punto de que en junio ya no hay más. Algunos no terminan de comprarlo que ya están contando las campanitas del ramo de muguet: si hubiera 13, eso es signo de suerte.
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